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20 de mayo de 2018

Catorce saunas incompletas




La escapada a la Zeus fue prácticamente mi  primera incursión a las zonas de mis penumbras después de una semana de vacaciones.
Y añadiría el término productiva de los últimos meses, en el que salvo dicha semana, el resto fue de un aburrimiento bastante notable.
Como comentaba al final del post "El último día de la temporada", que es con el que enlaza el post de la visita a la Zeus, entre julio y mediados de septiembre, sólo me escapé brevemente en tres ocasiones, no ocurrió nada digno de contar.
No sé si fue porque se juntó las ganas de recuperar el tiempo perdido, y aprovechando que había tenido y recuperado una actividad más que notable, al menos durante una semana, que volví al redil y a la rutina de una escapada semanal con ilusión .

Con mucho ánimo, si, pero que se convirtió pronto en desánimo al comprobar que el tedio era la nota dominante de cada salida, pero lejos de pensar en desactivarme durante una temporada, entré en un proceso de aceleramiento en que pasé de las tres escapadas en tres meses, a catorce en dos ( 6 en octubre y 8 en noviembre).

Pero con unos resultados tan deplorables que ni borrador escribía.
Nada quedó de octubre.
Sólo de las cinco últimas salidas, ya de noviembre, cuando comenzó a parecer que algo se animaba, escribí algunos apuntes, muy pocos, apenas esbozos de algún momento, que si me hubiera puesto a redactarlos en su versión definitiva, algún relato interesante hubiera podido salir, pero ahora, con el tiempo que ha pasado (año y medio) no recuerdo más que aquello que escribí.


--- 1 ---


Día 8, martes - Empezamos mal. o bien según se mire pues parece un cambio de tendencia. Me medio corro apenas llegar a la sauna Condal. En el cuarto oscuro, me pilla por banda uno que me mama compulsivamente. Unos minutos apenas y salgo ya medio escurrido. Obviamente y ya parece tradición, le sigue un largo, larguisimo rato de hastío.
Uno sentado en un banco del pasillo mamando a otro. Me encantan las escenas desinhibidas. Ahí en medio, Me acerco. El mamador también me acoge en su boca. El otro se va. Igual no le gusta ser compartido. No es mi problema. Omar, que así le llamo para mis adentros al mamador pues tiene un aire musulmán, me invita a una cabina. Accedo y allí soy yo que le mama largamente. Él también. Su acento es muy de aquí. Largo momento de relax. 
 --- 2 ---

Día 15, martes - Poquísima gente hoy en la sauna Bruc. El cubano, que sólo se pasea. Justino, que casi ni me saluda. El francés que se queda "horas" en la cabina con la puerta abierta y  el culo alzado al aire en posición de querer ser follado. Uno le complace. Mortadelo lo intenta, pero es un polvo falso, solo de apariencia. Cuando el francés se pasea, lo hace con el paño en el cuello a modo de fulard. Es cuando se va que le oigo el acento y sé que es del país vecino.
Me lío con Mortadelo, que me lleva al cuarto del sling. Le mamo. Recostado en el sling, me mete dos dedos por el culo, pero es otro que se apunta quien metiendome también dos dedos, finalmente, me hace correr.

--- 3 ---

Día 16, miércoles - Vuelta a la sauna Condal -  Intentos de algo en el cuarto oscuro. Dos a mi lado maman. Jadeos. Uno de ellos me mete dedos en culo. Cuando parece que se anima para follarme, su polla en demasiado grande para mi estrecho culo. Y no hay lubricante. Nada que hacer obviamente. Pero se folla al otro que por lo visto tiene mejor capacidad. Quedo atrapado y no puedo salir. Cuando aparentemente acaban intento salir, pero me pilla de nuevo y otra vez me mete el dedo.
Aprovecho, me pajeo y corro. Seguramente sea lo único que me lleve de la tarde.
Como así fue.

--- 4 ---

Día 18, viernes - Nada más completar mi primera putivuelta, la del primer reconocimiento, en la sauna Bruc, al entrar en la sex big room, un tío me hace inclinar hacia adelante y me hace una pseudo follada, o sea, con movimiento aparente de follar pero sin meter ni siquiera la punta. Un fake en toda regla. Acabo mamando a uno que me fuerza a tumbarme, se me sienta encima y le lamo hasta el culo. Me mantiene prácticamente inmovilizado. Me pezonea fuerte, clavando uña. Pero mientras para compensar, uno me la va mamando de maravilla.
Luego, el clásico largo rato aburrido de los últimos meses.
Poco antes de irme, me follo al francés del martes, que había vuelto.
(Nota. Hubiera sido interesante haber tomado más notas de aquella tarde. Lástima)

--- 5 ---

Dia 22, martes - Justino y Joaquín, el plasta, que últimamente se comporta, me los cruzo varias veces, nos saludamos y comentamos algo sin importancia. Perraco también está por ahí, y este, finalmente en la sauna de vapor me lame los huevos, pies y ano, este último profusamente. La polla no, no quiero.
Se acerca un tiarron. Sobeos, magreos, pajeos y me corro. Casi me mareo... No me encuentro bien hasta que me voy a dormir.
Pero antes se le he comido a uno, de polla de tamaño medio, de forma un tanto extraña que me deja porque casi se corre. Luego en la sauna seca, uno se me planta delante, se la toco, saco de entre la toalla, mamo... Me fuerza en posicion extraña. Me molesta por la contractura... Se va, le sigo. Se mete en una cabina, le sigo, me deja, seguimos... le toco, se la saco, le mamo... me fuerza, me duele, se va.
Quedo medio "plantao". Poco tacto... Ni una sola palabra. Nada de nada.
(Nota: También hubiera sido interesante escribir algo más de ese día)

--- X ---

El cubano ( que ignoro si lo es, pero bien podría ser ), Mortadelo ( que de aspecto me lo recuerda ), Justino ( que me recuerda a varios personajes y al final me decidí por Justino, el de la lotería de navidad ), Joaquín (nombre imaginario, que ya ha salió en algún post), Perraco (conocido ya del cine Arenas)... Muchos nombres y muchos que faltan que me hacen pensar en si tal vez valdría la pena en hacer un post sobre los "Habituales de la Bruc", del mismo modo que hice con mis habituales del Arenas.

Se me plantean varios conflictos.

(Octubre-Noviembre 2016)




7 de mayo de 2018

Pollas fuera, pollas dentro (En el sexshop gay Zeus).





Había gente, sí.
No tanta como las dos últimas veces que fui, pero sí la suficiente para que algo pudiera llegar a ocurrir.
En ambas, con cinco dias de diferencia entre ellas y relatadas en una visita relámpago y Empezando la tarde..., y aunque por diferentes motivos, salí por patas,

Tíos de edad, aspecto y condición variada, si bien, como siempre me ocurre cuando acudo a lugares que frecuento poco o nada, siempre estoy con la duda de si encajaré o no.
No soy alto ni guapo, sino más bien lo contrario, con un cuerpo del montón y una polla estándar. Siempre ha sido así.

En lugares publicitados y frecuentados por tíos de portada, musculocas o fashion victims siempre me he sentido como un mono de feria, y no precisamente por lo gracioso, que también poca gracia tengo.
Y si a eso se añade mi poca capacidad comunicativa oral ni don de gentes...
Ahora no, en absoluto, pero hubo un tiempo que me preocupaba y estuve muchos años acomplejado por ello, pero visto los muchos roscos que me he llegado a comer y disfrutar, algo bueno debo tener.
Si bien, no sé que.

No tardé nada en enrollarme con un buen mozo treintañero, peludo y pollón. junto a la cristalera del pequeño pasillo entre cabinas.Todo un sueño.
Si bien mi intención era arrodillarme ante aquel tío de aspecto macho alfa, fue él quien se agachó para mamarme o, para ser preciso, acabar con vaivenes follándole su rica boca.
Pajeándose, se acabó corriéndose en el suelo.

A nada llegó un tipo joven, sudamericano, digamos que ecuatoriano, que tras un par de toqueteos y me pidió que me lo follara.
-¿Me habrá visto cara de macho activo follador?, ¿Me habrá visto con el peludito anterior, o al palpar mi polla la considera aceptable para su culo?.
Rarísimo en mí, acepté.
En el mismo rincón de antes, pues no me había movido, y previa puesta de condón, me dispuse a follar aquel caliente culito tropical.
Tras una breve interrupción del ritmo por un tío rubio y delgado que quiso meterse y encerrarse en la cabina, supuestamente para visionar un video, seguimos a lo nuestro.
Cuando el ecuatoriano se dió por satisfecho, lo dejamos, si bien no recuerdo si se corrió,  y ya digo que yo no lo hice.

Igual porque dejamos de hacer ruido, el rubio que se habia encerrado en la cabina, abrió la puerta, y con los pantalones medio bajados, señal que se había estando dando mimos, pareció que quería liarse conmigo al mostrarme su joven culo con indeterminada intención y decisión.

Y digo y hago hincapié en lo de indeterminada, pues desde que abrió la puerta hasta que finalmente se decidió, estuvo cogiendo y devolviendo el condón y subiendo y bajándose los pantalones, si no fueron tres veces, no fue ninguna.
Al final fue que no.

Llegó un tipo treintañero, moreno, alto y serio, que fue rápidamente abordado por otro tío de aspecto también sudamericano de edad no muy dispar, que diremos colombiano para no liarnos con el de antes, que comenzó a realizarle todo tipo de tocamientos al punto que, pronto tuvo el muchacho serio la polla fuera.
Abajo con la minga fuera pero ociosa y arriba ocupado con las carantoñas que el buen mozo recibía, aproveché que no me había movido del lugar para simplemente agacharme y darle las debidas atenciones al pollón colgante.

Con auténtica fruicción mamaba aquel delicioso manjar, con un rítmico vaivén de cuello y cervicales y movimiento circular de lengua.

Me imaginaba a todos los Arcadios y Aurelianos de la saga de los Buendía mareados y vomitando por el frenesí de tanto vaivén, si bien estos se hallaban bien encerrados entre las tapas del libro y resguardados en la pequeña mochila a mi espalda.
Si el viejo Gabo levantara la cabeza!.

Tal vez porque estuviera yo absorbiendo demasiada atención del tío serio, que el colombiano nos dejó.
Y pudiera ser que, al perder el mozo sin sonrisa el cincuenta por ciento de atenciones dejara de tener interés, diéramos el asunto por acabado.
   
Comencé una fase de voyeur, y me dediqué, pues, a observar a la gente.

Llegó otro sudamericano, este venezolano, por decir algo.
Me pareció curioso tanta concentración de latinoamericanos.
¿Habría habido una llamada de concentración entre ellos o sería casual y simplemente reflejaba la multiculturalidad étnica del barrio?
Me inclinaba más por la segunda opción.

A la llamada del venezolano, de aspecto fuertote, acudió raudo y veloz el ecuatoriano que aún deambula por allí y que, por lo visto, no había tenido suficiente con el polvete que le eché, y que con tu toque por aquí y un metemano por allí se la acabó sacando por la bragueta al recién llegado, mientras él permanecía totalmente vestido.

El rubio delgado, que tampoco había desaparecido del escenario se les acercó y le ofreció su culo, con más descaro que la situación requería, al venezolano que de muy buen estaba.
- Ah, mira que bien-, pensé con más sorna que enfado, a este sí se lo ofrece sin mayor tapujos y a mí, mareándome como a una perdiz, finalmente me rechazó.
Y le intentó follar, con más voluntad que éxito.
- Lo siento, no puedo-, le dijo,- el condón es pequeño y me corta la sangre.
- Ay, el karma y sus travesuras!-, pensé, controlando una carcajada.

Poco más tarde, el rubio delgado se liaba con otro tipo algo, con coleta de color castaño claro, en la treintena, pero me intuición me decía que no iban a llegar a mucho, pues veía que a la nueva presa no se le ponía dura por mucho ánimo que le pusiera.

Hoy, no era el día de los rubios delgados.
Quedaba claro.

El colombiano tonteo con el venezolano, y de toque a toqueteo solo consiguió que se le mantuviera un rato morcillona.

Un tío de mediana edad estuvo un rato merodeando por el lugar, sin interactuar más que con su móvil, ahora en los escalones, ahora en el sillón.
Cuando se cansó, no sé bien quién de qué o viceversa, se metió en uno de los cuartos a ver un video... con la puerta entornada.
¿Una invitación a algún atrevido?.

Y llegó un osito joven delicioso, que como mucho rondaba la treintena, que comenzó a mirarme y remirarme.
- Ay, que pereza!- pensé, pues estaba a punto de irme.
Pero su ojos, y quien sabe si su ojete, chisporroteaban de deseo.
El colombiano entró de nuevo a escena, comenzando como no, a tontear de nuevo, esta vez con el recién llegado. 
Especialista en sacar pollas de su envoltorio, pronto procedió con la del peludín que lucía un bonito pollón.
Igual vio también en mi algún brillo especial en mis ojos, porque el colombiano me hizo una señal con la mano para que me acercara a ellos.
Y tan pronto como comencé a tontear y toqueteos con ellos, el colombiano se marchó.
¿Acaso su cometido era de ir calentando al personal y hacer que estos interactuaran? Casi parecía que así fuera.
No importaba.
El osete se me arrodilló delante mío, me sacó la polla y comenzó a mamar.
Segundos después me ví follándole la boca, y entre sus bufidos y gruñidos se le oía decir "sigue, sigue".
Y yo seguía, que soy muy bien mandado.
- ¿Que voy a correr, tìo?.
- Vale.
-¿Quieres?
-Si !.

(Octubre 2016)



30 de abril de 2018

Sexo, morbo, poppers, los doce polvos y otros detalles.





Aquellos días hubo mucho sexo. Y realmente no me debería quejar.
Mucho sexo de mamadas, aunque menos de lo que podría ser considerado como habitual, y mucho sexo de recibir folladas, mucho más del que podría ser considerado para mí como normal.
Y de hecho, este detalle de las vacaciones marca claramente un antes y después.

A fecha de hoy, y aunque ya viene de un tiempo anterior a esas vacaciones que no me da por mamar tanto, o más bien dicho, "compulsivamente", en plan tener dos o tres pollas ( o más ) dispuestas en un mismo momento, y luego buscar más. Ahora esto, si sucede, lo es mucho más puntualmente.
Por el contrario, que me follaran antes era algo realmente muy ocasional, al punto que podían pasar meses sin que ocurriera.
Ahora, en la mayoría de veces que consigo enrollarme, me acaban follando.

Pero bueno, supongo que esto son etapas.

Sí, mucho sexo, pero pocos momentos "fetish" por decirlo de alguna manera.
O más bien solo uno, bonito, pero de baja intensidad. El momento del juego con el cubito de hielo durante la primera noche en el Exxxtreme cruising club.
Este año no hubo ningún momento de sumisión/dominación, ni momento zapas, ni pissing, ni fistfucking, como los relatados en los post del año anterior.
Con lo cual, al menos en ese punto, si me quedé con un poco de frustación.
Podría haber estado más equilibrado.

Otras cosa que eché de menos fue comenzar mis noches en el Free-Eagle, que estaba cerrado, y que me ayudaban a ir calentado motores, así como la ausencia de alguien como Juan el Abulense del año pasado, que casi cada noche me fuera encontrando en los diferentes locales que visitara, compartiéramos cuatro palabras, si nos avenía hacernos cuatro tocamientos o algo más, desde mamada a follada, pero si no nos apetecía, despedirnos sin más, sin obligación ni pesar alguno.

El italiano que llamé Giovanni, no llegó a convertirse en Juan. Sólo lo ví la primera noche en el Exxxtreme, la vez que interactúe con él, y al día siguiente en el Men's Bar, que nos ignoramos.

Tampoco llegué a saber nada más del tío que conocí en Déjà vu - Amor en vertical  Nunca supe si fue el mismo tío de aquel momento tan especial de 20 años atrás. ¿Como preguntarle... Eres tú el mismo tío que conocí hace 20 años, un sábado noche de final de septiembre, en que pasó algo muy similar a lo de hoy?.
Yo aún recordaba algunos detalles personales de lo que entonces hablamos.

A la pareja de FeisAmigos que encontré, reconocí y conversé con ellos en dos ocasiones en la playa de Benalnatura, si bien me comentaron que estaban por allí unos días y saldrían a tomar alguna copa por la noche, no volví tampoco a coincidir con ellos.

Una cosa que no eché a faltar, sino más bien lo contrario fue la omnipresencia del poppers.
Bueno... especifico. No la presencia física del elemento en cuestión, sino el hecho que, sin quedarme corto, en el 80 o 90 % de mis encuentros, al principio normalmente, o desencuentros sexuales, aquellos que no se llegaron a producir muy probablemente por este motivo, siempre me hacían la pregunta del millón: Tienes poppers?. Mi respuesta era siempre negativa. No tenía.
Este detalle lo he omitido prácticamente de todos mis relatos, básicamente para no hacerlos tan similares.

Y lo que me sigue sorprendiendo fue, estando siempre sobrio y en mis plenas facultades de control, llegaran a echarme doce polvos en tan pocos días.
Sigo con mi asombro.

Cierto que no todos fueron memorables, al punto que incluso uno se me olvidó, como comentaba en post anterior.
Unos que, de no ser escritos hubieran pasado directamente al oscuro rincón del olvido, como de hecho me pasó con uno que comentaba en un post anterior, o ya fuera porque no fueron especialmente diferentes a otro polvo, como el polvo indeciso, en el cuarto oscuro del Men's, el penúltimo dia de vacaciones, con un tio que ni me molaba demasiado y de polla más bien discreta.

Otros, que sin ser buenos polvos, tuvieron un punto de originalidad, como el polvo volador, que me sentí literalmente violado, en la que saltaba por los aires con cada embestida, o el polvo colibrí, que aunque breve y de pichacorta, pero fue refrescante y tuvo su gracia.

Y los inolvidables, como los del macho moreno del Qüero, El del polaco, el del Apolo o el del tío bueno de la sauna Miguel del primer día y tercer dia.

Historias que os invito a releer.

Y de aquí a dos meses más.
A superarme ;-)



24 de abril de 2018

Probando apps





Uno de mis objetivos en aquellos días de asueto, diversión y cacería fue la de probar las aplicaciones de ligoteo gay, las llamadas apps.
Mis primeras experiencias en chateo fue principalmente con el conocido programa IRC a finales de los 90, durante un tiempo limitado que me consumía mucho tiempo para pocos resultados que obtenía.
Objetivos sexuales, que alguno si que hubo, pero amistades si hice unas cuantas
Luego vinieron los perfiles en web, tipo gaydar, gayromeo, gayroyal, bakala, tuamo (que por cierto nunca llegué a borrar, y en un par de ellos aún puntualmente entro, casi por pura curiosidad) y algunas más que no recuerdo, también con pocos resultados, si bien no les dedicaba tanto tiempo.
Con las apps nunca me he atrevido, vista la experiencia anterior, por temor a ser excesivamente absorbentes con un tiempo que no me sobra, e invasivas, para seguramente un nulo provecho.

Pregunté a varios feisamigos, y a partir de sus consejos y experiencias, acabé por bajar, instalarme en el móvil y crear perfil en las apps GROWLr, u4Bear, Scruff  y Tyte, si bien estas dos últimas apenas las tuve activadas unas horas.

Y sí, durante los dos primeros días estuve recibiendo visitas, saludos con un "hola", un "hi" a los que constestaba, o una especie de gruñido, con el que no sabía que contestar.
La inmensa mayoría era de gente a cientos, por no decir varios que a miles, de kilómetros de distancia, según la ubicación que me salía de su perfil.
Sólo algunos pasaron del saludo para convertirse en una miniconversación de tres o cuatro lineas, y sólo una, de hecho la primera que me entró, fue una conversación con todas las de la ley e intento de quedar.

Era un tío, de unos 40 años llamémosle Marcus, de muy buen ver, cachitas de gimnasio, de allí mismo de Torremolinos, que esto último era lo que buscaba, alguien de allí, o que estuviera puntualmente allí o acercarse.
Como eran días laborales, el chaval solo podía quedar al día siguiente, saliendo del curro.
Mientras nos intercambiamos fotos más explicitas y me sorprendió que siguiera mostrando interés ante la disparidad evidente de cuerpos.
Aunque más me sorprendió la reacción que tuve cuando le ví el pedazo pollón que le colgaba.
Me hubiera caido de culo de no ser porque en ese momento estaba sentado, cenando.

Llevaba yo muchos días sin follar. No había ocurrido ni siquiera todavía la escena que narraba arriba en "El polvo olvidado" y el ojete estaba desentrenado y vuelto a su elasticidad habitual, o sea, escasa.

- Entre lo cachas y el pollón, este tío me destroza-, pensé.
Y antes que concluyera la conversación le expresé mis temores, un poco en broma, pero mucho en serio.
Finalmente quedamos que seguiríamos hablando al día siguiente para ver finalmente como lo tenía.

Y así, fue.
Al mediodía del segundo día me envió de nuevo varios mensajes, en los que aún no tenía claro si podría quedar y que en su caso de poder, concretaríamos más tarde, cuando saliera.

Sinceramente, aunque el tío me ponía e imponía, yo rezaba para que no pudiera quedar, por varios motivos.
Primero, el más importante, porque tenía la certeza absoluta que no llegaríamos a nada, con lo cual sería una pérdida de tiempo, y luego, que el hecho de quedar ya me estaba condicionando la noche.

Mi intención en esos días era la de rotar totalmente a mi aire, sin condicionamientos ni compromisos.
De quedar con alguien, hacerlo directamente ya en algún club, para en el caso de haber conexión, conectar, y en caso contrario, o no presentarse, ya estar en ambiente.
Sólo pensar en la posibilidad de perder tiempo en desplazamientos fuera de la ciudad, con el posible agravante de la decepción o el plantón, me desmotivaba absolutamente.
Me coartaba demasiado la libertad.

Marcus no volvió a llamar.
Y yo no insistí.

Poco después desconectaba todas las apps y decidí vivir los días tal como fueron saliendo, y contado, en dieciocho de los últimos veinte post.

¿Y vosotros?
¿Cuál es vuestra experiencia?



20 de abril de 2018

El polvo olvidado




Aparte de todo lo narrado en los últimos publicaciones sobre mi semana de vacaciones, siempre hay cosas que no se cuentan, que se mencionan de soslayo, o si aparecen, se quedan con final abierto, ya sea porque se olvidan, o simplemente para economizar palabras y evitar un post excesivamente largo y con mucha paja, porque no fuera algo importante en la acción o desarrollo de la historia, o lo que sea.

El polvo olvidado


Como se puede olvidar uno de haber echado un polvo !!!.
Pues sí, puede suceder y me ocurrió en esta ocasión.
Con tanta salida vespertina y nocturna concentrado en unos pocos días, con ratos de mucha acción, a uno le sería fácil olvidar algún detalle que otro.
No tiene tanta explicación que, cuando al día siguiente escribiera el primer borrador, se me olvidara totalmente el simple hecho de apuntarlo.
Normalmente apunto todo lo que me acuerdo y una vez puesto a redactar el post definitivo para publicar, tomarlo en consideración o no (pueden pasar meses entre borrador y publicación)
Lo curioso es que, durante esos días de vacaciones, si que me iba acordando de él, al enumerarlo cuando hacia recuento del número total de polvos (12), pero que una vez puestos a escribir, que sólo transcurrió dos semanas, se me pasara, y cuando llevaba varios post escritos y publicados, al hacer memoria, ya vi que me olvidaba de uno.

- Pues ya saldrá cuando, poco a poco, los vaya relatando todos-, pensé, sin darle más importancia, esperando que saliera por algún rincón de algún borrador.
Pero no fue así.
Acabé de publicar los relatos y me seguía faltando uno... hasta que me acordé.

Y este ocurrió en mi primera salida nocturna, un poco antes de la  follada sorpresa en el Men's Bar que narraba precisamente en el post que lleva el mismo nombre.
Una vez en el cuarto oscuro del Men's, al poco de entrar, entre los toqueteos y manoseos, y antes de la mamada que mencionaba, hubo un tipo que, con cierta brusquedad, me pilló junto a las jaulas.
Yo, que ya andaba con los pantalones medio bajados, me dejé magrear por aquellas ásperas manos, pero en un periquete, el hombre me dio la vuelta, me encaró hacia el interior de una de las jaulas, y sin ningún tipo de delicadeza me la metió bien hasta el fondo.
Si bien me había dejado llevar, para que negarlo, este punto de falta de tacto hizo que su pollón, porque lo era, me hiciera vez todas las estrellas en aquella oscuridad.
Sin llegar a bombearme el culo ( o sea, echarme un polvo con varios meneítos y mete-sacas ) de un empujón hacia atrás se la saqué, rabiando de dolor, dándome la vuelta le aparté.

Era la primera intrusión de órgano viril en bastantes días, y tan de repente y sin preparación adecuada, no resultó nada placentera.
Supongo que entre eso, la brevedad del momento, que para ser la primera experiencia de la noche ( y casi de las vacaciones si exceptuamos la triple mamada de la tarde en el sexshop Cupido y el hecho de que no lo llegara a considerar polvo, al no dejarlo por escrito en el borrador del post, acabara "olvidando".

Memoria selectiva, que llaman.




14 de abril de 2018

Apurando las últimas horas.





Después de aquella noche tan completa y ajetreada, apenas si llegué a dormir un par de horas.
Al despertarme, y después de un buen pajote rememorando las numerosas escenas de la noche anterior, me fui, como cada dia, a la playa.

Aquel era mi último día de vacaciones y normalmente siempre lo dedico a descansar de salir por la noche.
Y esa era en principio mi intención.
Por la tarde, eso sí, volvería al sex shop Cupido, tal como hice el primer día en mi primera salida.
Una manera redonda de acabar.
Terminar donde empecé.

Como pequeño homenaje y despedida, aquel mediodía comí un poco más de la cuenta, a saber, un sabroso gazpacho, como no podía ser de otra manera, una rica caldereta de cordero, una tajada de melón y dos cervezas.
Vamos, que me puse como un cerdito, y dormí la siesta como un bendito.
Panza bien llena y sueño acumulado hicieron su efecto.

Prácticamente me levanté replanteándome el ir al Cupido, (cambiando el plan por salir un poco por la noche), y dar una vuelta para buscar un sitio para cenar, si bien me sentía muy empachado y con pocas ganas de nada.
Tanto era así, que no pude ni con media cerveza de la cena.

A la hora de ir decirme por iniciar la "última cacería" optando por pasarme por el qüero gay bar, un poco más pronto de lo habitual, aún no me había aligerado, y la sensación de pesadez e hinchazón continuaba.

Sólo habían dos tíos, aparte del camarero.
Un amigo de este, que no tardó en marchar, y un osete grandullón que, en otra circunstancia me hubiera dejado hacer cualquier cosa por él, pero solo de pensar en que me estrujaría entre sus brazotes, se me quitaban las ganas de hacerme el interesado.
Aunque me temía casi con absoluta certeza que no hubiera sido así, ya que era claramente sumiso.
Bueno, al menos a mi me lo parecía.
Nada interesante ocurrió.
Apenas estuve media hora, y dejando a medias la cerveza, que no me entraba, me fui al Men's bar.
Total, tampoco tenía nada que perder.

Fue entrar, pedir un redbull y comenzar a eructar como un poseso, tanto, que me aligero lo suficiente como para animarme a bajar a buscar rollete en el cuarto oscuro de la planta inferior.

Vana ilusión.
El ambiente que se veía era de lo más frustrante.
Así que, a pesar de estar un buen rato volteando por las penumbras, acabé volviendo a la zona del bar, y allí desde la barra observaba los distintos videos musicales que emitían y al personal que pululaba.

Debían de ser sobre las dos, que decidí bajar de nuevo ya en plan mamón guarrillo.
Y así, con el chip puesto, me metí en la misma cabina de la noche anterior, de la misma guisa.

"... en una de las tres cabinas iluminadas que hay antes de la zona más oscura, que son precisamente las que dan tenue luz al lugar, dejé la puerta abierta, me quité los pantalones cortos quedándome con el jockstrap y las bambas, me agaché en la esquina de la cabina y quedé esperando, y viendo como pasaba por delante la gente, alguna de la cual miraba, dudaba, se desconcertaba y se iba o entraba.

El efecto de la posición, seguramente vista desde fuera, daba la impresión de vulnerabilidad, de tío buscando sumisión, de puta en celo desesperada por una polla, de perra viciosa, o de tio pasado de alcohol que no se aguanta ya los pedos, susceptible de ser abusado por cualquier necesitado.
Excepto esto último, pues iba muy sobrio de mis dos o tres cervezas de toda la noche, alternadas con Red Bull ,y ya bien las había sudado y meado, del resto  no iba desencaminado.

Era el efecto que buscaba, captar a algún dominante o a algún "tímido" decepcionado de la noche".

No tardó ni un par de minutos en entrar un tío.
Estaría por la sesentena tal vez, bajito, con cierta pinta de inglés.
Nada mas entrar, entornó la puerta sin llegar a cerrarla y sin mediar palabra, se sacó la polla, me la ofreció y yo, obviamente, se la mamé.

Al cabo de un ratillo, cuando me aseguré que se le mantenía dura, me incorporé y le ofrecí el culete.
- Quiere' que te foye?, soltó en un gracioso andaluz, desapareciendo ipsofacto la "pinta de inglés" que me había hecho en mi mente.
Me pidió un preservativo, y me folló, primero mirando yo hacia una pared. Como no parecía sentirse cómodo, me puso mirando hacia otra, y ni aún así, me puso mirando hacia la puerta, encontrando así la postura y proceder.
Fue cuando se entreabrió la puerta asomando la cabeza de un tío que se mostraba dubitativo de entrar o no.
- Pasa, hombre, pasa -le decía el que me follaba.
El tío, joven, un pelín entrado en carnes, se sacó su discreta polla y apenas llevaba unos cinco segundos de mamada, que se apartó presuroso para correrse.
No me dió tiempo ni a decirle: "en la cara, porfa", pero sí fui suficientemente rápido para reaccionar poniendo la mano bajo su polla, recogerle la leche y restregármela en el pecho.
En esas, el follador ya acababa.
-Ta'guhtao?- preguntaba con ese deje sureño, mientras se sacaba el condón y lo dejaba en el suelo.
Cuando al unísono ambos se fueron, me limpié, recompuse y acomodé de nuevo en el rinconcillo

-Mira!- Se oyó decir de repente, unos segundos más tarde.
-En el mismo sitio y en la misma postura !-, continuó diciendo el personaje que entraba sin reparo alguno por la puerta.
- Te acuerdas de mí, no?- preguntó el agente Peréz, el del bigotillo del día anterior. ( ... un tipo de mediana edad, delgado, con un fino bigotillo al cual solo le faltaba el tricornio para parecer un miembro de la benemérita.)
-Cuantos te ha echao ya?, Siete?- preguntó con desparpajo y sin pudor.

Me quedé pasmado al oír la pregunta, pues tal como la había formulado sonaba un tanto "rara", como si me tratara de chapero y los "echaos" fueran clientes.

- Perdona? - le contesté, con la cara de no acabar de entender el significado de la pregunta y un tono un tanto ofendido.

- No, quería decir que cuantos llevas! -, se apresuró a aclarar al ver mi perplejidad.
- Sólo uno - mentí, sin querer entrar en el detalle que uno de los dos solo había durado 5 segundos.
-       Tú eres el segundo-, proseguí. Me acabo de poner así hace nada, cosa casi cierta en tanto que apenas si habrían pasado 15 minutos en total con el anterior.

Comenzamos a tontear como el día anterior.
Una caricia, un pezoneo, una mamada y cierta incontinencia verbal por su parte, claro que, comparando conmigo diez palabras seguidas ya lo parecen.
Que si quieres follar, que si mejor en el hotel, que si el aire acondicionado, que si le encantaba encontrar un tío tan guarrillo, a lo que temiendo molestar, matizó enseguida... "bueno, como yo también".

El plan se preveía igual, ya que no se le acababa de poner dura para follar, y cuando lo conseguía era a base de mamadas.
Era desamorrarme y perder el vigor y dureza necesaria para tal menester.
Como alternativa se propuso correrse, pero tanto el cansancio como el calor sofocante que reinaba en el sótano penumbroso del local, se lo impedía.
O al menos eso argumentaba.

Acabamos despidiéndonos, sin llegar a más.

Yo me quedé unos cinco minutos más en la cabina intentando hacer algún "cliente" nuevo.
Me ponía cachondísimo pensarlo de esa manera, pero no apareció nadie por allí.
Miré la hora y, aunque faltaba más de media hora para el cierre, decidí dar por concluida el perrerío, la noche y la sexo-escapada estival del año.

Fin.





7 de abril de 2018

Sábado noche. Mamadas varias y el cuarto polvo.




(Continuación)

Y después de tres polvos, la noche no era joven, ni acababa de empezar.
Aún podía durar un poco más.
Era sábado por la noche y los locales cierran un poco más tarde que el resto de la semana, y con el calentón que llevaba algo más podría sacar, pues además, aún no me había corrido ni una sola vez.

Así que volví al Men's Bar a ver que se cocía en aquellas horas que debía rondar las tres.
Arriba, en la zona del bar, aún quedaba gente, aunque menos de la que me esperaba.
Pedí un Red Bull,  y bajé a la zona de cruising y cuarto oscuro, donde para mi relativa sorpresa, no habían aglomeraciones.
Más bien poca gente, y digo lo de relativa sorpresa, pues la tónica de los días anteriores había sido la misma.

No estaba para tanteos, tonteos ni tocamientos improductivos.
Estaba caliente como una perra después de los tres polvazos de la noche, no había lechado, me sentía el culo vacío y ansiaba sexo por todos mis poros.
Así que me metí en una de las tres cabinas iluminadas que hay antes de la zona más oscura, que son precisamente las que dan tenue luz al lugar, dejé la puerta abierta, me quité los pantalones cortos quedándome con el jockstrap y las bambas, me agaché en la esquina de la cabina y quedé esperando, y viendo como pasaba por delante la gente, alguna de la cual miraba, dudaba, se desconcertaba y se iba o entraba.

El efecto de la posición, seguramente vista desde fuera, daba la impresión de vulnerabilidad, de tío buscando sumisión, de puta en celo desesperada por una polla, de perra viciosa, o de tio pasado de alcohol que no se aguanta ya los pedos, susceptible de ser abusado por cualquier necesitado.
Excepto esto último, pues iba muy sobrio de mis dos o tres cervezas de toda la noche, alternadas con Red Bull ,y ya bien las había sudado y meado, del resto  no iba desencaminado.

Era el efecto que buscaba, captar a algún dominante o a algún "tímido" decepcionado de la noche.

No tardó en asomar, y con pocas dudas, entrar por la puerta un tipo de mediana edad, delgado, con un fino bigotillo al cual solo le faltaba el tricornio para parecer un miembro de la benemérita.

Sin mediar palabra, se sacó de la bragueta su discreta polla y me ofreció para mamar, y la cual se mantuvo bien tiesa mientras duró acción.
Porque cuando me levanté, por aquello de cambiar de postura, estirar las patas, el tipo quiso aprovechar para follarme, y si bien me mostré muy predispuesto, al tío se le aflojaba.
Hubieron varios intentos.
Cuando se la mamaba, su polla se mostraba vivaracha.
En cuanto me levantaba, cambiaba a mortecina.

- Es que aquí hace mucho calor-, decía para justificarse, lo cual era bien cierto.
Aún en bolas, yo sudaba como un cerdo. Él, vestido, otro tanto.
- ¿Porque no te vienes a mi hotel?, comentó. Está aquí al lado.
- Hotel El Pozo,¿lo conoces?,- prosiguió.
Más que hotel me sonaba a embutidos, pero asentí pues días antes, en uno de mis paseos lo había visto y recordado lo mismo.
- Hay aire acondicionado (cosa que resultaba tentadora) y podemos ducharnos las veces que queramos,- concretó, y hasta este punto estuve a punto de acceder.
-Y podemos estar follando toda la noche-, sentenció. Y fue ahí donde volví a la realidad y al escepticismo.
Y aunque nada deseaba más de ser follado toda la noche, para nada me creía que el tipo fuera capaz de hacerlo ni una sola vez, visto lo visto, al menos en las horas venideras.

Decliné un par de veces su oferta y nos despedimos amablemente, con un "A ver si coincidimos otro día", y no sin dejar de comentarme que vivía en Algeciras, y que, de tanto en tanto, se escapa a Torremolinos a pasar unos días

Me quedé en la cabina y después de recobrar un poco la compostura y adoptar la posición inicial, otro tipo madurete y muy poco hablador, ocupó el sitio del agente Pérez.
Pero este no dijo ni mu, ni me invitó a ningún sitio, ni hizo propuesta alguna.
Se limitó a dejarse comer el rabo y, eso sí, cosa que no había hecho el anterior, correrse en mi mejilla izquierda.
La mejilla afortunada, pues era la segunda lefada que recibía esa noche.

Tras volver del lavabo de limpiarme, (dudé con dejarme la leche en la barba para morbo del siguiente si hubiera), y meterme de la misma guisa y posición en la cabina, no tardó en entrar, tras mostrarse dubitativo, otro tipo.

Majo, baja estatura, de entre 30 y 35 años, de aspecto duro, tipo macarrilla, vicioso y peludito. Todo un bombonazo de los que más me gustan y ponen, pero demasiado puesto de poppers, que no soltaba de la mano ni paraba de esnifar.
Tenía un buen rabo, sin ser excepcional, pero parecía más una rica gominola que polla para follar. Claro efecto de exceso de poppers.
El tío me daba muchísimo morbo, cosa que, añadido a las cochinas cosas que me decía conseguía mantener mi atención a tope.
- Chúpala mamón, que te voy a follar como una puta toda la noche. Zorra, que bien lo haces! . Y cosas así, no muy imaginativas, y visto lo que veía poco realista, pero sí ejercían en mí un efecto bien estimulante.

Estuvimos un buen rato así, cuando bajaba, mamaba; cuando subía, buenos morreos con alguna breve esnifada por mi parte.
Se encendieron las luces del local, en clara indicación de que iban a cerrar, pero seguimos dándonos bien el lote en aquella pasión desenfrenada.

Pero las luces se apagaron, y temiendo quedar encerrados a oscuras toda la noche, acabamos por salir por patas de allí.
En la huida, ni nos llegamos a despedir.

No estaba nada cansado, para toda la marcha que llevaba aquella noche.
A esas horas, el Querell era la única opción, al cual, después de una buena caminata de 20 minutos llegué.

Ni de lejos había el ambiente que recordaba del año anterior al entrar.
Más bien se parecía al que había al salir.
Eso sí, todo tíos buenos, en bolas, gayumbos o suspensorios, pero poca acción visible.
- No sé que coño hago aquí!-, pensé, pues me sentía como un chimpancé en un desfile de modelos.

- Uff, que ganas tenía de vaciar !- comentó el primero que tuve la fortuna de hacerle una mamada.
- Eso está bien-, pensé, y al menos la corrida no se había echado a perder, pues lo hice sobre la mejilla afortunada, y ya iban tres.

Una churrupadita exprés, de visto y no visto, a un tio bueno, joven sin vello alguno, que me incitó a ello poniéndose delante mío. Nada, apenas unos segundos.

Y otro, de aspecto parecido, joven de piel lisa  también sin rastro de pelo, al que se me ocurrió tocarle el pezón.
Pero el cual parecía tener otras urgencias, pues cuando me presionó sobre el hombro para hacerme agachar y mamársela, ya tenía puesto un condón en su pequeña polla.
Así que me puse brevemente a ello, pues en unos segundos, me hizo levantar e inclinarme de culo a él, para comenzar a follarme.
Un polvo rápido, estilo colibrí, con un par de azotes en las nalgas, un par de estiramientos de la gomas de mi jockstraps que al ser soltados hacían el ruido de una pequeño cachete sobre la piel.
Sudando de nuevo como un cerdo, hasta agradecí que me fuera echando cerveza sobre la espalda.
Cuatro embestidas y lo dejó.
Y ni idea de si se corrió o no.
Todo fue rápido. El polvo exprés de un colibrí pichacorta.

De larga y claramente fue el polvo más triste de la noche, y diría más, de todos los días de las vacaciones.
Y no dejaba de ser curioso, que también las mamadas más desaboridas hubieran ocurrido aquí precisamente, dada la buenura y juventud de los presentes.

Lo que siempre digo, las cosas bonitas son bonitas de ver, pero donde haya actitud o experiencia...

Quedaban, tal vez, unas 15 personas en el local, y pese a todo había conseguido mi cuarto polvo de la noche, lo que significaba todo un récord histórico en un día, y por descontado de aquellas noches, y que ciertamente no me había propuesto a conseguir, ni  pensar ni imaginar en ningún momento.
Sólo cuando sucedió caí en la cuenta, y me dí por satisfecho.

Por extraño que parezca, en ningún momento de la noche me corrí, si no, hasta que después de volver al hotel y apenas dormir un par de horas, me desperté y levanté más fresco que una lechuga, y me hice un buen pajote recordando todos los momentos de la pasada noche.

Sin pizca de sueño, me preparé para irme a la playa.