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24 de abril de 2018

Probando apps





Uno de mis objetivos en aquellos días de asueto, diversión y cacería fue la de probar las aplicaciones de ligoteo gay, las llamadas apps.
Mis primeras experiencias en chateo fue principalmente con el conocido programa IRC a finales de los 90, durante un tiempo limitado que me consumía mucho tiempo para pocos resultados que obtenía.
Objetivos sexuales, que alguno si que hubo, pero amistades si hice unas cuantas
Luego vinieron los perfiles en web, tipo gaydar, gayromeo, gayroyal, bakala, tuamo (que por cierto nunca llegué a borrar, y en un par de ellos aún puntualmente entro, casi por pura curiosidad) y algunas más que no recuerdo, también con pocos resultados, si bien no les dedicaba tanto tiempo.
Con las apps nunca me he atrevido, vista la experiencia anterior, por temor a ser excesivamente absorbentes con un tiempo que no me sobra, e invasivas, para seguramente un nulo provecho.

Pregunté a varios feisamigos, y a partir de sus consejos y experiencias, acabé por bajar, instalarme en el móvil y crear perfil en las apps GROWLr, u4Bear, Scruff  y Tyte, si bien estas dos últimas apenas las tuve activadas unas horas.

Y sí, durante los dos primeros días estuve recibiendo visitas, saludos con un "hola", un "hi" a los que constestaba, o una especie de gruñido, con el que no sabía que contestar.
La inmensa mayoría era de gente a cientos, por no decir varios que a miles, de kilómetros de distancia, según la ubicación que me salía de su perfil.
Sólo algunos pasaron del saludo para convertirse en una miniconversación de tres o cuatro lineas, y sólo una, de hecho la primera que me entró, fue una conversación con todas las de la ley e intento de quedar.

Era un tío, de unos 40 años llamémosle Marcus, de muy buen ver, cachitas de gimnasio, de allí mismo de Torremolinos, que esto último era lo que buscaba, alguien de allí, o que estuviera puntualmente allí o acercarse.
Como eran días laborales, el chaval solo podía quedar al día siguiente, saliendo del curro.
Mientras nos intercambiamos fotos más explicitas y me sorprendió que siguiera mostrando interés ante la disparidad evidente de cuerpos.
Aunque más me sorprendió la reacción que tuve cuando le ví el pedazo pollón que le colgaba.
Me hubiera caido de culo de no ser porque en ese momento estaba sentado, cenando.

Llevaba yo muchos días sin follar. No había ocurrido ni siquiera todavía la escena que narraba arriba en "El polvo olvidado" y el ojete estaba desentrenado y vuelto a su elasticidad habitual, o sea, escasa.

- Entre lo cachas y el pollón, este tío me destroza-, pensé.
Y antes que concluyera la conversación le expresé mis temores, un poco en broma, pero mucho en serio.
Finalmente quedamos que seguiríamos hablando al día siguiente para ver finalmente como lo tenía.

Y así, fue.
Al mediodía del segundo día me envió de nuevo varios mensajes, en los que aún no tenía claro si podría quedar y que en su caso de poder, concretaríamos más tarde, cuando saliera.

Sinceramente, aunque el tío me ponía e imponía, yo rezaba para que no pudiera quedar, por varios motivos.
Primero, el más importante, porque tenía la certeza absoluta que no llegaríamos a nada, con lo cual sería una pérdida de tiempo, y luego, que el hecho de quedar ya me estaba condicionando la noche.

Mi intención en esos días era la de rotar totalmente a mi aire, sin condicionamientos ni compromisos.
De quedar con alguien, hacerlo directamente ya en algún club, para en el caso de haber conexión, conectar, y en caso contrario, o no presentarse, ya estar en ambiente.
Sólo pensar en la posibilidad de perder tiempo en desplazamientos fuera de la ciudad, con el posible agravante de la decepción o el plantón, me desmotivaba absolutamente.
Me coartaba demasiado la libertad.

Marcus no volvió a llamar.
Y yo no insistí.

Poco después desconectaba todas las apps y decidí vivir los días tal como fueron saliendo, y contado, en dieciocho de los últimos veinte post.

¿Y vosotros?
¿Cuál es vuestra experiencia?



20 de abril de 2018

El polvo olvidado




Aparte de todo lo narrado en los últimos publicaciones sobre mi semana de vacaciones, siempre hay cosas que no se cuentan, que se mencionan de soslayo, o si aparecen, se quedan con final abierto, ya sea porque se olvidan, o simplemente para economizar palabras y evitar un post excesivamente largo y con mucha paja, porque no fuera algo importante en la acción o desarrollo de la historia, o lo que sea.

El polvo olvidado


Como se puede olvidar uno de haber echado un polvo !!!.
Pues sí, puede suceder y me ocurrió en esta ocasión.
Con tanta salida vespertina y nocturna concentrado en unos pocos días, con ratos de mucha acción, a uno le sería fácil olvidar algún detalle que otro.
No tiene tanta explicación que, cuando al día siguiente escribiera el primer borrador, se me olvidara totalmente el simple hecho de apuntarlo.
Normalmente apunto todo lo que me acuerdo y una vez puesto a redactar el post definitivo para publicar, tomarlo en consideración o no (pueden pasar meses entre borrador y publicación)
Lo curioso es que, durante esos días de vacaciones, si que me iba acordando de él, al enumerarlo cuando hacia recuento del número total de polvos (12), pero que una vez puestos a escribir, que sólo transcurrió dos semanas, se me pasara, y cuando llevaba varios post escritos y publicados, al hacer memoria, ya vi que me olvidaba de uno.

- Pues ya saldrá cuando, poco a poco, los vaya relatando todos-, pensé, sin darle más importancia, esperando que saliera por algún rincón de algún borrador.
Pero no fue así.
Acabé de publicar los relatos y me seguía faltando uno... hasta que me acordé.

Y este ocurrió en mi primera salida nocturna, un poco antes de la  follada sorpresa en el Men's Bar que narraba precisamente en el post que lleva el mismo nombre.
Una vez en el cuarto oscuro del Men's, al poco de entrar, entre los toqueteos y manoseos, y antes de la mamada que mencionaba, hubo un tipo que, con cierta brusquedad, me pilló junto a las jaulas.
Yo, que ya andaba con los pantalones medio bajados, me dejé magrear por aquellas ásperas manos, pero en un periquete, el hombre me dio la vuelta, me encaró hacia el interior de una de las jaulas, y sin ningún tipo de delicadeza me la metió bien hasta el fondo.
Si bien me había dejado llevar, para que negarlo, este punto de falta de tacto hizo que su pollón, porque lo era, me hiciera vez todas las estrellas en aquella oscuridad.
Sin llegar a bombearme el culo ( o sea, echarme un polvo con varios meneítos y mete-sacas ) de un empujón hacia atrás se la saqué, rabiando de dolor, dándome la vuelta le aparté.

Era la primera intrusión de órgano viril en bastantes días, y tan de repente y sin preparación adecuada, no resultó nada placentera.
Supongo que entre eso, la brevedad del momento, que para ser la primera experiencia de la noche ( y casi de las vacaciones si exceptuamos la triple mamada de la tarde en el sexshop Cupido y el hecho de que no lo llegara a considerar polvo, al no dejarlo por escrito en el borrador del post, acabara "olvidando".

Memoria selectiva, que llaman.




14 de abril de 2018

Apurando las últimas horas.





Después de aquella noche tan completa y ajetreada, apenas si llegué a dormir un par de horas.
Al despertarme, y después de un buen pajote rememorando las numerosas escenas de la noche anterior, me fui, como cada dia, a la playa.

Aquel era mi último día de vacaciones y normalmente siempre lo dedico a descansar de salir por la noche.
Y esa era en principio mi intención.
Por la tarde, eso sí, volvería al sex shop Cupido, tal como hice el primer día en mi primera salida.
Una manera redonda de acabar.
Terminar donde empecé.

Como pequeño homenaje y despedida, aquel mediodía comí un poco más de la cuenta, a saber, un sabroso gazpacho, como no podía ser de otra manera, una rica caldereta de cordero, una tajada de melón y dos cervezas.
Vamos, que me puse como un cerdito, y dormí la siesta como un bendito.
Panza bien llena y sueño acumulado hicieron su efecto.

Prácticamente me levanté replanteándome el ir al Cupido, (cambiando el plan por salir un poco por la noche), y dar una vuelta para buscar un sitio para cenar, si bien me sentía muy empachado y con pocas ganas de nada.
Tanto era así, que no pude ni con media cerveza de la cena.

A la hora de ir decirme por iniciar la "última cacería" optando por pasarme por el qüero gay bar, un poco más pronto de lo habitual, aún no me había aligerado, y la sensación de pesadez e hinchazón continuaba.

Sólo habían dos tíos, aparte del camarero.
Un amigo de este, que no tardó en marchar, y un osete grandullón que, en otra circunstancia me hubiera dejado hacer cualquier cosa por él, pero solo de pensar en que me estrujaría entre sus brazotes, se me quitaban las ganas de hacerme el interesado.
Aunque me temía casi con absoluta certeza que no hubiera sido así, ya que era claramente sumiso.
Bueno, al menos a mi me lo parecía.
Nada interesante ocurrió.
Apenas estuve media hora, y dejando a medias la cerveza, que no me entraba, me fui al Men's bar.
Total, tampoco tenía nada que perder.

Fue entrar, pedir un redbull y comenzar a eructar como un poseso, tanto, que me aligero lo suficiente como para animarme a bajar a buscar rollete en el cuarto oscuro de la planta inferior.

Vana ilusión.
El ambiente que se veía era de lo más frustrante.
Así que, a pesar de estar un buen rato volteando por las penumbras, acabé volviendo a la zona del bar, y allí desde la barra observaba los distintos videos musicales que emitían y al personal que pululaba.

Debían de ser sobre las dos, que decidí bajar de nuevo ya en plan mamón guarrillo.
Y así, con el chip puesto, me metí en la misma cabina de la noche anterior, de la misma guisa.

"... en una de las tres cabinas iluminadas que hay antes de la zona más oscura, que son precisamente las que dan tenue luz al lugar, dejé la puerta abierta, me quité los pantalones cortos quedándome con el jockstrap y las bambas, me agaché en la esquina de la cabina y quedé esperando, y viendo como pasaba por delante la gente, alguna de la cual miraba, dudaba, se desconcertaba y se iba o entraba.

El efecto de la posición, seguramente vista desde fuera, daba la impresión de vulnerabilidad, de tío buscando sumisión, de puta en celo desesperada por una polla, de perra viciosa, o de tio pasado de alcohol que no se aguanta ya los pedos, susceptible de ser abusado por cualquier necesitado.
Excepto esto último, pues iba muy sobrio de mis dos o tres cervezas de toda la noche, alternadas con Red Bull ,y ya bien las había sudado y meado, del resto  no iba desencaminado.

Era el efecto que buscaba, captar a algún dominante o a algún "tímido" decepcionado de la noche".

No tardó ni un par de minutos en entrar un tío.
Estaría por la sesentena tal vez, bajito, con cierta pinta de inglés.
Nada mas entrar, entornó la puerta sin llegar a cerrarla y sin mediar palabra, se sacó la polla, me la ofreció y yo, obviamente, se la mamé.

Al cabo de un ratillo, cuando me aseguré que se le mantenía dura, me incorporé y le ofrecí el culete.
- Quiere' que te foye?, soltó en un gracioso andaluz, desapareciendo ipsofacto la "pinta de inglés" que me había hecho en mi mente.
Me pidió un preservativo, y me folló, primero mirando yo hacia una pared. Como no parecía sentirse cómodo, me puso mirando hacia otra, y ni aún así, me puso mirando hacia la puerta, encontrando así la postura y proceder.
Fue cuando se entreabrió la puerta asomando la cabeza de un tío que se mostraba dubitativo de entrar o no.
- Pasa, hombre, pasa -le decía el que me follaba.
El tío, joven, un pelín entrado en carnes, se sacó su discreta polla y apenas llevaba unos cinco segundos de mamada, que se apartó presuroso para correrse.
No me dió tiempo ni a decirle: "en la cara, porfa", pero sí fui suficientemente rápido para reaccionar poniendo la mano bajo su polla, recogerle la leche y restregármela en el pecho.
En esas, el follador ya acababa.
-Ta'guhtao?- preguntaba con ese deje sureño, mientras se sacaba el condón y lo dejaba en el suelo.
Cuando al unísono ambos se fueron, me limpié, recompuse y acomodé de nuevo en el rinconcillo

-Mira!- Se oyó decir de repente, unos segundos más tarde.
-En el mismo sitio y en la misma postura !-, continuó diciendo el personaje que entraba sin reparo alguno por la puerta.
- Te acuerdas de mí, no?- preguntó el agente Peréz, el del bigotillo del día anterior. ( ... un tipo de mediana edad, delgado, con un fino bigotillo al cual solo le faltaba el tricornio para parecer un miembro de la benemérita.)
-Cuantos te ha echao ya?, Siete?- preguntó con desparpajo y sin pudor.

Me quedé pasmado al oír la pregunta, pues tal como la había formulado sonaba un tanto "rara", como si me tratara de chapero y los "echaos" fueran clientes.

- Perdona? - le contesté, con la cara de no acabar de entender el significado de la pregunta y un tono un tanto ofendido.

- No, quería decir que cuantos llevas! -, se apresuró a aclarar al ver mi perplejidad.
- Sólo uno - mentí, sin querer entrar en el detalle que uno de los dos solo había durado 5 segundos.
-       Tú eres el segundo-, proseguí. Me acabo de poner así hace nada, cosa casi cierta en tanto que apenas si habrían pasado 15 minutos en total con el anterior.

Comenzamos a tontear como el día anterior.
Una caricia, un pezoneo, una mamada y cierta incontinencia verbal por su parte, claro que, comparando conmigo diez palabras seguidas ya lo parecen.
Que si quieres follar, que si mejor en el hotel, que si el aire acondicionado, que si le encantaba encontrar un tío tan guarrillo, a lo que temiendo molestar, matizó enseguida... "bueno, como yo también".

El plan se preveía igual, ya que no se le acababa de poner dura para follar, y cuando lo conseguía era a base de mamadas.
Era desamorrarme y perder el vigor y dureza necesaria para tal menester.
Como alternativa se propuso correrse, pero tanto el cansancio como el calor sofocante que reinaba en el sótano penumbroso del local, se lo impedía.
O al menos eso argumentaba.

Acabamos despidiéndonos, sin llegar a más.

Yo me quedé unos cinco minutos más en la cabina intentando hacer algún "cliente" nuevo.
Me ponía cachondísimo pensarlo de esa manera, pero no apareció nadie por allí.
Miré la hora y, aunque faltaba más de media hora para el cierre, decidí dar por concluida el perrerío, la noche y la sexo-escapada estival del año.

Fin.





7 de abril de 2018

Sábado noche. Mamadas varias y el cuarto polvo.




(Continuación)

Y después de tres polvos, la noche no era joven, ni acababa de empezar.
Aún podía durar un poco más.
Era sábado por la noche y los locales cierran un poco más tarde que el resto de la semana, y con el calentón que llevaba algo más podría sacar, pues además, aún no me había corrido ni una sola vez.

Así que volví al Men's Bar a ver que se cocía en aquellas horas que debía rondar las tres.
Arriba, en la zona del bar, aún quedaba gente, aunque menos de la que me esperaba.
Pedí un Red Bull,  y bajé a la zona de cruising y cuarto oscuro, donde para mi relativa sorpresa, no habían aglomeraciones.
Más bien poca gente, y digo lo de relativa sorpresa, pues la tónica de los días anteriores había sido la misma.

No estaba para tanteos, tonteos ni tocamientos improductivos.
Estaba caliente como una perra después de los tres polvazos de la noche, no había lechado, me sentía el culo vacío y ansiaba sexo por todos mis poros.
Así que me metí en una de las tres cabinas iluminadas que hay antes de la zona más oscura, que son precisamente las que dan tenue luz al lugar, dejé la puerta abierta, me quité los pantalones cortos quedándome con el jockstrap y las bambas, me agaché en la esquina de la cabina y quedé esperando, y viendo como pasaba por delante la gente, alguna de la cual miraba, dudaba, se desconcertaba y se iba o entraba.

El efecto de la posición, seguramente vista desde fuera, daba la impresión de vulnerabilidad, de tío buscando sumisión, de puta en celo desesperada por una polla, de perra viciosa, o de tio pasado de alcohol que no se aguanta ya los pedos, susceptible de ser abusado por cualquier necesitado.
Excepto esto último, pues iba muy sobrio de mis dos o tres cervezas de toda la noche, alternadas con Red Bull ,y ya bien las había sudado y meado, del resto  no iba desencaminado.

Era el efecto que buscaba, captar a algún dominante o a algún "tímido" decepcionado de la noche.

No tardó en asomar, y con pocas dudas, entrar por la puerta un tipo de mediana edad, delgado, con un fino bigotillo al cual solo le faltaba el tricornio para parecer un miembro de la benemérita.

Sin mediar palabra, se sacó de la bragueta su discreta polla y me ofreció para mamar, y la cual se mantuvo bien tiesa mientras duró acción.
Porque cuando me levanté, por aquello de cambiar de postura, estirar las patas, el tipo quiso aprovechar para follarme, y si bien me mostré muy predispuesto, al tío se le aflojaba.
Hubieron varios intentos.
Cuando se la mamaba, su polla se mostraba vivaracha.
En cuanto me levantaba, cambiaba a mortecina.

- Es que aquí hace mucho calor-, decía para justificarse, lo cual era bien cierto.
Aún en bolas, yo sudaba como un cerdo. Él, vestido, otro tanto.
- ¿Porque no te vienes a mi hotel?, comentó. Está aquí al lado.
- Hotel El Pozo,¿lo conoces?,- prosiguió.
Más que hotel me sonaba a embutidos, pero asentí pues días antes, en uno de mis paseos lo había visto y recordado lo mismo.
- Hay aire acondicionado (cosa que resultaba tentadora) y podemos ducharnos las veces que queramos,- concretó, y hasta este punto estuve a punto de acceder.
-Y podemos estar follando toda la noche-, sentenció. Y fue ahí donde volví a la realidad y al escepticismo.
Y aunque nada deseaba más de ser follado toda la noche, para nada me creía que el tipo fuera capaz de hacerlo ni una sola vez, visto lo visto, al menos en las horas venideras.

Decliné un par de veces su oferta y nos despedimos amablemente, con un "A ver si coincidimos otro día", y no sin dejar de comentarme que vivía en Algeciras, y que, de tanto en tanto, se escapa a Torremolinos a pasar unos días

Me quedé en la cabina y después de recobrar un poco la compostura y adoptar la posición inicial, otro tipo madurete y muy poco hablador, ocupó el sitio del agente Pérez.
Pero este no dijo ni mu, ni me invitó a ningún sitio, ni hizo propuesta alguna.
Se limitó a dejarse comer el rabo y, eso sí, cosa que no había hecho el anterior, correrse en mi mejilla izquierda.
La mejilla afortunada, pues era la segunda lefada que recibía esa noche.

Tras volver del lavabo de limpiarme, (dudé con dejarme la leche en la barba para morbo del siguiente si hubiera), y meterme de la misma guisa y posición en la cabina, no tardó en entrar, tras mostrarse dubitativo, otro tipo.

Majo, baja estatura, de entre 30 y 35 años, de aspecto duro, tipo macarrilla, vicioso y peludito. Todo un bombonazo de los que más me gustan y ponen, pero demasiado puesto de poppers, que no soltaba de la mano ni paraba de esnifar.
Tenía un buen rabo, sin ser excepcional, pero parecía más una rica gominola que polla para follar. Claro efecto de exceso de poppers.
El tío me daba muchísimo morbo, cosa que, añadido a las cochinas cosas que me decía conseguía mantener mi atención a tope.
- Chúpala mamón, que te voy a follar como una puta toda la noche. Zorra, que bien lo haces! . Y cosas así, no muy imaginativas, y visto lo que veía poco realista, pero sí ejercían en mí un efecto bien estimulante.

Estuvimos un buen rato así, cuando bajaba, mamaba; cuando subía, buenos morreos con alguna breve esnifada por mi parte.
Se encendieron las luces del local, en clara indicación de que iban a cerrar, pero seguimos dándonos bien el lote en aquella pasión desenfrenada.

Pero las luces se apagaron, y temiendo quedar encerrados a oscuras toda la noche, acabamos por salir por patas de allí.
En la huida, ni nos llegamos a despedir.

No estaba nada cansado, para toda la marcha que llevaba aquella noche.
A esas horas, el Querell era la única opción, al cual, después de una buena caminata de 20 minutos llegué.

Ni de lejos había el ambiente que recordaba del año anterior al entrar.
Más bien se parecía al que había al salir.
Eso sí, todo tíos buenos, en bolas, gayumbos o suspensorios, pero poca acción visible.
- No sé que coño hago aquí!-, pensé, pues me sentía como un chimpancé en un desfile de modelos.

- Uff, que ganas tenía de vaciar !- comentó el primero que tuve la fortuna de hacerle una mamada.
- Eso está bien-, pensé, y al menos la corrida no se había echado a perder, pues lo hice sobre la mejilla afortunada, y ya iban tres.

Una churrupadita exprés, de visto y no visto, a un tio bueno, joven sin vello alguno, que me incitó a ello poniéndose delante mío. Nada, apenas unos segundos.

Y otro, de aspecto parecido, joven de piel lisa  también sin rastro de pelo, al que se me ocurrió tocarle el pezón.
Pero el cual parecía tener otras urgencias, pues cuando me presionó sobre el hombro para hacerme agachar y mamársela, ya tenía puesto un condón en su pequeña polla.
Así que me puse brevemente a ello, pues en unos segundos, me hizo levantar e inclinarme de culo a él, para comenzar a follarme.
Un polvo rápido, estilo colibrí, con un par de azotes en las nalgas, un par de estiramientos de la gomas de mi jockstraps que al ser soltados hacían el ruido de una pequeño cachete sobre la piel.
Sudando de nuevo como un cerdo, hasta agradecí que me fuera echando cerveza sobre la espalda.
Cuatro embestidas y lo dejó.
Y ni idea de si se corrió o no.
Todo fue rápido. El polvo exprés de un colibrí pichacorta.

De larga y claramente fue el polvo más triste de la noche, y diría más, de todos los días de las vacaciones.
Y no dejaba de ser curioso, que también las mamadas más desaboridas hubieran ocurrido aquí precisamente, dada la buenura y juventud de los presentes.

Lo que siempre digo, las cosas bonitas son bonitas de ver, pero donde haya actitud o experiencia...

Quedaban, tal vez, unas 15 personas en el local, y pese a todo había conseguido mi cuarto polvo de la noche, lo que significaba todo un récord histórico en un día, y por descontado de aquellas noches, y que ciertamente no me había propuesto a conseguir, ni  pensar ni imaginar en ningún momento.
Sólo cuando sucedió caí en la cuenta, y me dí por satisfecho.

Por extraño que parezca, en ningún momento de la noche me corrí, si no, hasta que después de volver al hotel y apenas dormir un par de horas, me desperté y levanté más fresco que una lechuga, y me hice un buen pajote recordando todos los momentos de la pasada noche.

Sin pizca de sueño, me preparé para irme a la playa.




31 de marzo de 2018

Sábado noche. El tercer polvo.





(continuación)

Eran jóvenes, rondando la treintena, cortados todos por el mismo patrón.
Delgados, estatura similar, 1.70/75, cierto aire cohibido pues apenas solo se atrevieron a quedarse sin camiseta, cuando la mayoría ibamos en gayumbos, yo con mis suspensorios rojos, o alguno ni eso.

Entraron en grupito y así se mantuvieron durante un buen rato.
Mientras, el resto de peña del local, si bien no con mucho entusiasmo subía y al poco bajaba de la zona de cruising del piso superior.
Tal vez fueran al lavabo, que también está en el primer piso.

Yo, por mi parte, ya repuesto de la follada que relataba en el post anterior "Sábado noche. El segundo polvo", cervecita en mano que aún no apurada, decidí subir de nuevo a ver quién se había decidido quedar por esas penumbras.

Tres o cuatro tipos pululando, sin más aparente quehacer que beber y mirar el video o ver a la gente pasar, pero seguro con bien ocultas intenciones, vista la fingida indiferencia.

Procedí de la misma manera que anterior vez, o sea que me senté en el pequeño taburete, cerca del video.
Para que estar de pie, si la espera puedo hacerla sentado!.
A más a más, que luego ya me quedan las cosas más a mano... y a la altura de la boca.
Y no tardó en aparecer el tipo rubio al que se la había mamado medio recostado en la camilla mientras me follaban, y de nuevo con el mismo ritual de aproximación, si bien un pelín más acelerado, se sacó el cipotón y me dió de mamar, con la seguridad de que bien sabía lo que le esperaba.
Al poco de disfrutar en solitario de la mamada, se acercó uno de los descamisados del grupo de cuatro, y se nos unió. Mientras ellos dos se hacían carantoñas, yo abajo disfrutaba de los dos pitorros.

Es bien sabido, que donde caben tres, fácilmente caben cuatro, y no tardó pues en acercarse también otro de los "apocados" jovenzuelos para ofrecerme rabo y liarse por las alturas con su amigo y el macizo rubiales.
Pero a este no pareció gustarle ser el centro de atención, pareció agobiarse o disgustarse, y acabó marchando.
Desapareciendo el talismán, el hechizo se deshizo y mis pollas se dispersaron.

Cuando las escenas acaban un tanto súbitamente, uno se queda con cierta ansiedad, con la boca abierta tras quitarle a uno un caramelo que rica y felizmente chupaba... en este caso tres.

Me incorporé y me fui para el otro lado de la sala.
Alli, uno de rodillas se la estaban comiendo a otro reclinado sobre la pared. A este, tío bueno de pelo en pecho, le acaricié suavemente la pelambrera que lucía en su bien definido torso y atreviéndome a tocar uno de sus irresistibles pezones, pero amablemente con un gesto, declino la incipiente oferta.
Simplemente le sonreí.
Es bien sabido que donde caben dos, no siempre hay espacio para tres.
Pase por delante de ellos, y en el otro extremo de la camilla me recliné sobre esta, apoyando los codos y poniendo el culo ostentosamente en pompa.
Y es que, a veces, uno pierde la vergüenza.

La posición me resultaba cómoda.
Medio descansaba y a través de los travesaños de madera podía seguir viendo el video, ver como disfrutaban los otros dos y disfrutar a la vez de la cerveza que aún me quedaba.

Cuando mamador y el mamado acabaron, que realmente no duraron mucho, yo segui en mi reposada postura, viendo el ir y venir de la poca gente que subía, cuando a los poco minutos unos suaves y delgados dedos comenzaron a juguetear con mi ano.
Supongo que apareció por detrás de la cortina, por eso no le ví llegar, y no me quise dar la vuelta y mirar quién era para no romper la magia del momento.
Simplemente me dejé hacer.
Comenzó metiéndome parcialmente uno de sus dedos, luego dos, masajeando el ojete como para comprobar tacto, humedad, textura... imagino.
Luego, pasada la prueba del algodón y estar todo a su gusto, delicadamente comenzó a introducir su viril herramienta de normal tamaño, para follarme.
Una follada bien llevada. Tranquila pero sin pausas, con ritmos variados y sin brusquedades.
Cuando terminó por correrse en el suelo, me giré para ver quién, o más bien como era.
Resultó ser un tipo delgado, poquita cosa como yo, relativamente joven, o al menos de apariencia y con gafillas de listillo.
Me hizo gracia.

Claramente diferente a las dos anteriores, bruscas, contundentes la tercera jodienda de la noche resultó gratamente tranquila y apacible.

Después de un infructuoso intento de acercamiento a un tipo majete que también gestualmente me rechazó, la velada en el Qüero gay bar acabó gratamente cuando aquel de los cuatro jóvenes que se había acercado al principio de este post al macho rubiales que esta yo mamando, se corrió sobre mi mejilla izquierda, después de, obviamente, una última mamada de despedida.

Con todo, era casi ya las tres.
Decir que la noche aún era joven sería mentir, pero decir que ya se había acabado tampoco iba a ser verdad.

Alguna que otra sorpresa en el Men's Bar y el polvo final de velada en el Querell, si que daría por concluida la salida de aquel sábado noche.

Pero será tema del siguiente post ;-)

(Continuará)



25 de marzo de 2018

Sábado noche - El segundo polvo






Y me fui al qüero.
La opcion era quedarse allí un rato, y dependiendo del éxito o aburrimiento, quedarme más tiempo o volver al Men´s Bar.

Para lo pequeño del local, parecía que había buena entrada. Al menos esa fue mi primera impresión.
Rápidamente me quedé solo el jockstrap puesto, y cerveza en mano, con los condones y lubricante bien dispuesto entre el calcetín y la bamba, me subí a la zona de cruising a ver que se cocía.

Para mi decepción, arriba no había nadie !
Así que, volviendo sobre mis pasos, bajé de nuevo al bar a esperar un rato.

Si tuviera don de gentes, y pudiera tan siquiera iniciar una sencilla conversación con cualquier desconocido, las esperas se harían más llevaderas y, sin lugar a dudas, más interesante e incluso, tal vez de esa manera también podría llegar a ligar.

Pero no era el caso. Nunca lo ha sido. Soy incapaz.

Así que, esperar por esperar, acabé subiendo de nuevo y me senté en la silla baja de metacrílato, junto al sling y lo suficientemente cerca del video para, al menos, y a falta de otra ocupación, entretenerme.

Pero no tardó demasiado tiempo en aparecer un tipo alto, fuerte, entre los 40/45 años tirando a rubio y con abundante vello corporal, tanto en las piernas como en el torso, que situándose a la distancia de un bocado, no tarde yo tampoco en comenzar a comerle el rabo.

Fue cuando me puse de rodillas que aprovechó para conducirme al otro lado de la pequeña sala, si bien no sabía porque hasta que vi otro tipo, este moreno, fuertote también y aspecto serio y duro, tal vez un poco más joven, rondando los 35/40 años.
A instancia del rubio, me ofreció al moreno para comerle también el rabo, y de hecho y por un buen rato, me incitaba a ello cada vez que intentaba volver a degustar su polla, mientras ellos se liaban con besos y pezoneos.

Ver desde abajo como dos tíos, en este caso encima machos buenorros, se lían entre ellos mientras les mamo las pollas, me fascina.

La escena duró hasta que me erguí para estirar  las piernas por unos segundos, momento que, de nuevo aprovechó el rubio para darme la vuelta, hacerme inclinar sobre el camilla y ofrecer mi culo al tipo moreno, separando mis nalgas y mostrando mi ano para que se me lo follara.

Así tal cual, como si fuera de su propiedad y pudiera disponer de mi para ofrecerme a quien quisiera.
Valga decir que era un sueño hecho realidad.

Algo comentó el moreno, asintiendo y enfundándose un condón sobre el cipote comenzó una larga y contundente follada.

Con el calor reinante y la energía del folleteo el sudor brotaba por doquier y empapaba la camilla haciéndola resbaladiza,.Si bien inclinado y apoyado el torso sobre ella, me costaba mantener cierto equilibrio, si no era sujetándome a los hierros de debajo.
Mientras el tipo duro me perforara las entrañas, ahora si, el rubio volvió a follarme la boca, fijándome con su mano mi  cabeza sobre la camilla, lo cual ayuda ciertamente a no sucumbir y caer por las embestidas que iba recibiendo de mi moreno empotrador.

Cuando el tio reventó y se corrió, el trío se deshizo.
Que menos que el rubio se hubiera corrido sobre mi cara, pero tal vez hubiera sido pedir mucho.
El momento, ya de por sí, había resultado fantástico.

El polvazo había superado con creces, pero sin desmerecer, el que hacía tal vez una hora antes me habían echado en el Men's Bar.
Tanto en morbo, visualidad, participación e intensidad.

Ahora lo que urgía era recuperar los líquidos perdidos, así que bajé de nuevo al bar a pedirme otra cerveza.

Durante un rato anduve putivolteando, subiendo y bajando varias veces, como los otros tipos del local, pero nada nuevo pasaba.
Algún cliente entraba, y algún otro marchaba, a saber si satisfechos o no.

En un momento de la noche, un grupito de cuatro tíos jóvenes entraron...

(Continuará)



17 de marzo de 2018

Sábado noche. El primer polvo




Después de divagar entre las posibilidades opté de nuevo empezar la noche por el Men´s Bar.
Nada nuevo por otra parte, pues se había convertido en la rutina diaria de estas vacaciones.
La saturación de "fiestas especiales" por ser sábado me agobiaba, y al final, simplemente decidí por lo seguro.
Como seguro era que tenía decidido pasar más tarde por el Qüero Gay Bar, por lo bien y diferente que me lo había pasado la noche de sábado que acudí del año anterior, en la sex fetish party, que dió para 5 posts nada más y nada menos ( posts: La última noche, I (Calentando motores), II ( Momento Fistfucking ), III ( Momento mamadas, zapas, hostias...), IV ( Corre la leche )  y V ( Momentos puta ) )

Si bien el Men's Bar, por la zona del bar y pista, parecía un poco más ambientado, abajo, en la zona de cruising y cuarto oscuro parecía una tumba.
No daba crédito. Apenas cuatro tíos, tirando largo, y cada uno a lo suyo.

Pero uno de ellos, supongo que más habituado que yo en ese momento a la oscuridad, me vió entrar y se me acercó más bien tímidamente, y con actitud cuatelosa comenta a meterme mano en el paquete.
Hice lo propio, o sea, echarle mano por encima del pantalón, también, a ver que encontraba, pero no resultó nada, pero nada ilusionante.
Él siguió tocándome, ahora el pecho y las tetillas, pero con excesiva delicadeza.
Con todo, pensé que aquello no podía ir a mucho mejor. No veía yo mucha actitud, cuanto menos morbosa, decidí dejarlo.
Sin embargo, cuando comenzaba a irme, me retuvo con el brazo.

Tampoco tenía más que hacer, que pasear por el espacio casi vacio de la darkroom o zona de cruising, así que decidí darnos una segunda oportunidad.

Al echarle mano de nuevo al paquete por segunda vez, aquello que escondía pareció despertársele de golpe, y cuando asomó por entre el pantalón, el grueso rabo, ahora sí, se mostró de una forma apetitosa.
Bien merecía, al menos, un bocado y luego ya decidiría.

Y bien rica estaba durante el rato que se la estuve comiendo en la zona tenuemente iluminada del cuarto oscuro.

-¿Y si paso a mayores y me la dirijo al culo para que me lo folle?- pensé.

No es una cosa que suela hacer, pues siempre soy de los que esperan a que tomen la iniciativa o directamente me pidan que me quieren follar.
Y así de mal me ha ido tradicionalmente, que en numerosas ocasiones me he quedado con las ganas por no atreverme a mostrarme tan "atrevido", con temor de romper la magia del momento y que el tío en cuestión se fuera, que es lo que muchas veces he hecho cuando me ha pasado lo contrario, que el otro se me ha puesto de culo, y al insistir, lo he dejado. (Si no insiste, acostumbro a continuar).

Era el primer intento de roces y mamadas de la noche y estaba yendo bien. Si el momento se torcía, aún quedaban horas por delante para superarlo.

Y sin apenas vacilar comenzó a follarme el culo, que ya tenía lubricado y limpio, pues había salido bien preparado del hotel por si se presentaba la ocasión durante la noche.

El tío resultó ser un muy buen follador, con una buena y prolongada follada, que no me había podido llegar a imaginar pocos minutos atrás.
Viendo que había acción, un par de tipos, que por allí pululaban, quisieron aprovechar la ocasión para ofrecerme polla, las cuales descarté al primer contacto.
Uno que tiene el morro fino.

Cuando llegó el momento de correrse, se retiró rápidamente y derramó toda su leche, que imagino abundante por los resopidos que emitía, en el suelo

Había sudado como un cerdo. Al menos yo. Y menos mal que la zona de cruising del bar estaba poco concurrido.
Subí un rato para recuperarme y, sobretodo, airearme, cosa que quedó más en un deseo que en un hecho, ya que arriba en el bar, el ambiente sí estaba a tope.

Bajé, volví a subir.
Todo era un ir y venir de gente, pero no se producían apenas encuentros y mucho menos aglomeraciones.
La zona seguía sin llenarse.

Dudaba entre pedirme una cerveza y quedarme arriba un rato, en espera de volver a las profundidades, y que se calentara el ambiente al punto de ebullición o me iba ya al qüero gay bar, mi segundo objetivo de la noche.

Y opté por irme, aunque faltaba un poco para la hora que, al principio, tenía pensado hacerlo.

(Continuará)