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18 de febrero de 2018

Tres machos pollones y folladores




-¿Quieres que te traiga pollas?,-me susurró un par de veces, una vocecilla ansiosa de una respuesta afirmativa.
- Sí, vale- respondí.
-¿Como las quieres?- Que no sean muy gordas, contesté precavido, pensando en mi tradicional estrechez.

Allí estaba yo con el culo en pompa, sobre la colchoneta del camastro de una de las salas del cuarto oscuro de la Termo Sauna Miguel, a la espera de la llegada y entrada de alguna polla samaritana.
Estaba más que convencido que aquello no iba a ocurrir, y tal vez fuera por ello, que por fin me hubiera atrevido a esperar en tan descarada y explicita posición y exposición.

Siempre he admirado la gente atrevida y desinhibida, por aquello de ser lo opuesto a mí, que aunque os sorprenda, así es.
Si bien es cierto que, poco a poco, voy progresando en el arte del desvergonzamiento.

El caso es, que por primera vez, me había atrevido con la postura, pero rondaba en mi cabeza el temor a una entrada incontrolada.
Siempre me gusta previamente palpar el instrumento para asegurarme, no ya tanto de la consistencia, sino del grosor y largura de la herramienta que ha de realizar tal primorosa labor, así como su adecuada equipación protectora.
Y de aquella guisa... no lo veía yo tan claro que pudiera cuidar de todos los detalles, sin llegar a romper el morbo o la magia.
A la vez de excitado, me sentía un tanto angustiado.

Pero tal como en parte me esperaba, nada ocurrió que no fuera un roce, casual o no.
Excepto magreos y tocamientos, y alguna ocasional mamada en el cuarto oscuro, en aquella sauna no se follaba si no era en una cabina y a puerta cerrada.

Después de un rato deambulando por el local, estaba por irme, pues esta vez no tenía intención de alcanzar ningún récord de permanencia, pero decidí darme un último garbeo por la zona más entre penumbras.

La zona más concurrida del cuarto oscuro en ese momento eran dos de los rincones con más claridad, al punto que se podían apreciar sin problemas todo los rasgos de los tíos que allí se apretaban.
Y digo apretaban porque en uno ellos, literalmente casi no se podía entrar, y salir resultaba igual de complicado. Todo el mundo tieso y estirado, comprimido, y si hacían algo, bien poco sería, más que toqueteos y sobeos, porque ni agachar para mamar nada se podía.

En el otro, se podía entrar al paso, sin problemas, ni aprietos ni empujones.
Tal vez habrían siete u ocho personas de buen ver, expectantes todas, excepto un tío que sentando en el banquillo se la mamaba a otro tranquilamente.
Hice lo mismo. Me senté junto a ellos, y un tipo enseguida me dió de mamar su rico pollón.
Tampoco tardó mucho en ofrecerme poppers, cosa que me sorprendió bastante, pues hasta ese momento y durante los días anteriores siempre me preguntaban si yo tenía, con respuesta negativa por mi parte, pero que nunca nadie ofrecía.

Pocos minutos después de estar disfrutando de aquel manjar me puse en pie para seguir lamiendo, aunque esta vez sus pezones, y dar un poco de tregua a mis mandíbulas.
Es lo que tiene los pollones, buenos son, cierto, pero mucho rato acaba cansando y desencajándolas.

De pie, el hombretón tenía mi culito más cerca de sus manos, y pronto comenzó a palpar e inspeccionar con sus ágiles dedos, la cálida y húmeda abertura de mi ano.

Tal vez fuera el pronunciar casi en un susurro, con acento marcadamente extranjero, esa única palabra "follar", mientras me mostraba un preservativo, unido a su aspecto de tío duro que se entreveía en los claroscuros del rincón, que le asigné nacionalidad polaca.
Mientras se colocaba el condón, me entretuve esnifando un poco más del poppers que me ofrecía.
Si me iba a follar, a buen seguro que necesitaba una dilatación más o menos rápida, que me relajara el esfínter y para este caso y situación, la sustancia en cuestión resultaría, a buen seguro, efectiva.

Entró bien, sin dolor, y pensé que la folladas de los días anteriores también habrían tenido su efecto positivo.
Comenzó y continuó con un ritmo decidido y cambiante lo cual, único a sus jadeos y gruñidos, aumentaba considerablemente la excitación.
Me tenía bien sujeto de las caderas mientras me follaba allí de pie, cuando apareció delante mío el tío alto, guapo y pollón al que una hora antes me la había comido un par de veces frente a las cabinas de los glory holes ( ver: Calentando motores en la Sauna Miguel ), el Apolo o estatua de mármol del que hablaba en los comentarios con un seguidor.
Y fue él, en esta ocasión, que me ofreció su imponente verga para que se la fuera trabajando, mientras se me cepillaban por detrás.

Por delante y por detrás, con ritmo dinámico, bien acompasados y sabiéndote observado por otros amantes, aunque no tan activos, de la lujuria es uno de los placeres que recomiendo probar.
Cuando el polaco comenzó a aumentar la cadencia de la penetración, el vaivén más violento originó cierta dificultad en el seguimiento rítmico de la mamada, pero era la señal que el éxtasis del follador estaba próximo.
Cuando estalló, enfundado en mis entrañas, comenzó literalmente a gritar tal cual hubiera conseguido una meta y victoria inalcanzable.
Me pareció un poco exagerado y hasta sentí casi un poco de vergüenza ajena.
Pero oye, cada uno se expresa en esos momentos de explosión sexual como le sale... del alma.

Mientras se deshacía del condón, aún entre bufidos y gruñidos, y yo pretendía recuperar el aliento de la enérgica follada, sentí como se me insertaba, sin previo aviso, sin dificultad ni consideración alguna, hasta casi tocar las amígdalas, el pollón del Apolo.

Supongo que, debido a su talante un tanto perezoso, del conseguir las cosas con el mínimo esfuerzo, aprovechó que tenía el culito abierto y bien trabajado para no gastar excesiva energía en penetrarme.

Tonto no era, desde luego.
Sabía de mi disposición cuando le había mamado anteriormente, y mi receptividad de ahora mientras me follaba el polaco.
Culito hambriento y boca dispuesta, que más se puede pedir !

En cierta manera me sentí halagado que se hubiera decidido follarme, y más por el hecho de haberme cogido para tal menester sin preguntar. Sentirme como objeto sexual de uso público me pone como una moto.
Otra cosa diferente es que me preste a ello.

El polvo, si bien contundente, duró menos, fue rítmicamente más estable, más estudiado, menos "animal" e institivo que el del polaco, y acabó corriéndose con ayuda de una automanola, desparramando su leche por el suelo de la sala.

Aún estaba resollando cuando literalmente, y no exagero, vi que mis pies se alzaban del suelo empujado de manera inesperada, contundente y brusca por un impulso violento que venía de detrás mío y con sentido ascendente.
Y cuando apenas toque suelo, de nuevo sentí la nueva embestida.

No daba crédito a lo que me estaba pasando.
Alguien me estaba follando de manera enérgica y poco considerada, pillándome totalmente desprevenido, sin consentimiento previo, pero eso sí, con el culo bien dispuesto y abierto.
No podía ser el Apolo, pues aún estaba allí, limpiándose y recuperándose, ni el polaco, que ya había desaparecido.
Fue cuando trataba de zafarme de él cuando me dí cuenta que se trataba de un tío joven, treintañero como mucho, guapo, moreno, una delicia sin dudarlo, pero me sentía, en ese momento, un tanto violado.

Si bien hizo algún atisbo de retenerme, le quedó claro con  mis gestos de despegue y quitarme sus brazos de encima que lo que quería era librarme de él a toda costa.

Sali patiabierto del cuarto , con las 'idems' temblando, sorprendido y, hasta cierto punto, desconcertado de lo que me había pasado.

Tres tíos, a cual más bueno y machorro, en unos pocos minutos se me habían cepillado, cada cual con su estilo diferente, pero todos contundentes, en un recodo relativamente clareado del laberíntico cuarto oscuro de la termo sauna Miguel de Torremolinos, cuando me quejaba precisamente que, en caso de follar, solo se hacía a puerta cerrada, ya que era lo único que había experimentado y puesto que no había visto lo contrario.

Si quería demostrar lo contrario, aquí tenía tres tazas.

Era viernes por la tarde, aproximadamente debían ser las siete, y estaba totalmente exhausto y saciado de sexo.

Aquella noche no salí.
Preferí saborear la dulce miel del recuerdo... y descansar.

El sábado sería otro día.


18 de enero de 2018

Calentando motores en la Sauna Miguel




- ¿Te gusta el pedazo de pollón que tengo, eh?. Si lo quieres, te lo tendrás que currar-  parecía pensar, el hombretón de 1.90 m que tenía delante mío, pavoneándose sin recato ni disimulo, mientras yo me cambiaba tranquilamente en los vestuarios de la Sauna Miguel.

Sobre los cuarentena, bien puestos, delgado, alto y como decía, bien armado, el tipo acabó enfundándose en la toalla y se dirigió a los interiores del local.

Era viernes por la tarde, y no había excesivo público, al menos cuando llegué sobre las .
Aunque ya rondaban por allí el par de chaperos, que ya había clichado del año anterior, y que había vuelto a ver dos días atrás.

Se podía entrar en el laberíntico cuarto oscuro sin temor a quedarte atrapado entre amasijos de carne semiestática, se podían encontrar suficientes cuartos vacíos para elegir, si acaso, uno y relajarte o esperar alguna presa, o ser cazado, depende del punto de vista, o meterte en el cualquiera de los jacuzzis sin haber lista de espera.

No así los cabinas con glory holes que hay junto a la salita de cine.
Estaban constantemente ocupados.
Pero fue precisamente esta aparente contrariedad que me dió la oportunidad de catar por primera vez el pollón de aquel tipo de las taquillas.

Allí en medio, de pie, siendo sobado por un par de tíos, me animó a intervenir, primero pezoneando un poco y luego arrodillándome ante él para probar aquel rico manjar que a la vista se ofrecía.
Pero no duró mucho.
Con su altura y porte, el hombretón, lo que se dice lucir lucía, pero poco se diferenciaba de una estatua de mármol. Rígido, estático, frío e incapaz de mostrar una mínima afectación, lo acabé dejando allí con al polla tiesa.

Hubo, debo decir, una segunda ocasión, poco más tarde y en el mismo sitio, incluso más breve que la primera y con el mismo resultado, entre el ir y venir, esperando que quedara libre alguna de las cabinas.

Finalmente ocupé una que quedó libre, con agujeros a ambos lados, de los cuales no asomó ningún miembro coleando en espera de ser atendido, por lo que casi por aburrimiento fui yo el que se decidió a traspasar uno de los orificios para recibir una cálida y húmeda acogida.

Para un ratito está bien, pero que me la mamen no es lo que más me motiva.

Fuí al gran jacuzzi, pero todo lo que tiene de grande lo tenía, al menos aquella tarde, de aburrido.
La gente sólo, y como mucho, se miraba las caras.

En el jacuzzi pequeño, que apenas caben cuatro personas cómodamente, siempre que no sean todos excesivamente patilargos, la cosa era diferente.
Por fuera, aguas y burbujas arriba, no se diferenciaba del grande, pero por debajo de la superficie un lío de piernas combatían por meter pie en el paquete del de enfrente, mientras mano derecha o mano izquierda, llegaban, por aquello de la proximidad, a alcanzar la polla del lado deseado... si se dejaba.

Un cuarentón apuesto a la izquierda, un viejete enfrente y un osito de aspecto mimosín a la derecha eran mis acompañantes de baño.

El apuesto y yo, discretamente nos metimos mano. Y mientras, el apuesto metía pie al osete, yo y el viejete que lo tenía enfrente, lo hacíamos mutuamente. Y el osete solo tenía ojos para el viejete.
Cuando el apuesto se marchó, el osete comenzó a acariciar visiblemente el pecho del viejete, que se dejaba hacer, y acercándose a él, se le puso delante dándome directamente la espalda.

Me sentí excluido, pero tampoco hice un drama de aquello.
Con el viejete no me apetecía más que lo del pie, y del osete me hubiera dejado hacer todo.

La tarde parecía no arrancar.
Sólo lo parecía...

(Continuará)



14 de enero de 2018

Entre miradas y breves mamadas. Un día tranquilo de transición.





No sé como, pero el tipo había aparecido en el otro lado de las rocas, pasado el pequeño entrante de mar.
Ni idea de por donde había bajado, pero lo que quedaba claro es que estaba loco si pensaba que iba a hacer lo mismo, pasara por donde pasara, y que a todas luces, era lo que él quería.
O tal vez no.

Tras cruzarse conmigo, se había parado a unos pasos más allá, para mirarme y darme un repaso.
Anduvo varios pasos y volvió a hacer lo mismo. Desapareció unos minutos, y al asomarse de nuevo en el otro lado, continuó mirando.
Al menos, parecía una invitación a seguirle.
Minutos antes, en el mismo sitio pero en dirección contraria, me había ocurrido lo mismo con otro tipo.
En esa ocasión, el lugar de destino, en vez de ser unas rocas intransitables, era la playa abarrotada de gente.

A veces me cuesta leer los pensamientos de la gente.
Será por eso que no ligo en las playas. No entiendo las miradas, si no la acompaña de algún otro gesto o palabra.

Pero bueno, al menos podía ya dar fé que podía haber algo de rollo en la playa de Benalnatura.

Me habían comentado en varias ocasiones que se podría encontrar, principalmente por la zona de las rocas.
Tampoco era una cosa que me sorprendiera demasiado, siendo una cala nudista, pero fuera de los tonteos entre la gente de la misma playa, que uno no sabe si son espontáneos entre desconocidos o amigos, no había visto nada especial.

Supongo que en horas menos concurridas, y en la parte opuesta de la playa, que tiene un acceso más "fácil" a otras minicalitas, se puede intimar más y mejor.
Pero solo es una suposición, pues no he llegado a pasar a esas calitas, por mi poca confianza en mi equilibrio.

No pasó nada, evidentemente.
Fue un día de playa muy tranquilo, tanto que, incluso de regreso al hotel me eché una siesta de más de cuatro horas, levantándome a tiempo de buscar un lugar para cenar, pues al italiano que tenía pensado ir, el mismo del año pasado, también lo habían cerrado.

Sobre las 12 aparecí en el Men's bar, en el aparentemente había un poco más de ambiente que el día anterior, si bien gente sólo de tocamientos.
Excepto uno, que en un rincón, se ponía las botas mamando toda polla que se le acercaba, nada más interesante sucedió el rato que estuve.
Tiempo para un Red Bull e irme al Qüero a ver si alguna cosa más interesante se cocía.

Me quedé solo con mis bambas negras y el jockstrap rojo, y cerveza en mano, subí para la zona de cruising del pequeño local.
Poca gente, pero al rato ya se la estaba mamando a un señor de buena polla, pero carnes en declive, que al instalarse sobre el sling, y al nada de acomodarme, ví que aquello no iba a llegar a nada más que una mamada, sin más actuación e interacción por su parte.
Así que le dejé patiabierto sobre el columpio y me bajé al bar, a poca cosa más que hacer, que apurar la bebida.
Cuando volví a subir, una breve mamada a otro tipo que apenas sólo sacaba la punta del rabillo. No tardé nada en dejarle.

Sólo había un mulatillo joven e interesante, pero no me hacía ni puto caso.
Así que cambié de local.

No estaba a petar, pero había ambientillo en el The Factory.
Muchos tíos buenos, guapos, cachas y la mayoría jóvenes, o sea, nada que hacer.
Algún maduro que, obviamente, no se comían una rosca.
Aunque tampoco se puede decir que entre la gente de buen ver, fuera una comida de negros. Ni mucho menos.

Se producían escenas, sí, pero no siempre simultáneas, ni muy grupales, que bien podrían ser sacadas de una peli porno, pero en este caso en 3D, eventualmente con derecho a participar.
Que no era mi caso.

Uno de los tipos jóvenes, buenorro y vestido sólo sus botas y un práctico arnés se llevaba la mayoría de folladas. Uno le cogía sólo de las nalgas mientras se lo cepillaba, con algún casual manotazo sobre ellas.
El siguiente parecía cabalgar sobre él, cuando lo montaba, sujetándole del arnés, y dando fuertes nalgadas para arreciarle la calentura.
Así disfrutaron varios del potrillo.

Mientras, sobre el sling, uno a quién nadie hacía caso.

Me fui para la zona de los glory holes, y allí se la estuve mamando a un pollón, varias veces.
La asomaba por un agujero, se la comía brevemente y se iba.
Salía yo y me cambiaba de rincón, y él, por el otro lado procedía de nuevo con el mismo ritual.

Mira que hay gente rara!.

Al cabo de un rato, apareció un precioso nabo de tamaño perfecto para rendirme ante él oral y analmente, y ante el cuál procedí con esmero a darle un buen repaso con mi lengua juguetona.
En el punto del clímax, la polla se retira, su dueño la menea con una paja y tal vez se corriera, por que yo, nada más ví.

Que menos que premiarme con una lechada en la cara, no?

Fue en esas, aún boquiabierto y la cara de circunstancias, cuando apareció de nuevo por el glory hole el pollón de antes.
Sin embargo, esta vez, en su primera huida, vino a parar a mi lado, y aún agachado, me cogió de las axilas, me levantó, me dio la vuelta, me inclinó y me dio por culo.
Así tal cual.

Por otro motivo, aún seguía manteniendo cierta cara de pasmado, y aprovechando que aún tenía la mandíbula medio caída, el tipo se apresuró a pretender follarme la boca.
Ahí se quedó porque cierto olorcillo me tiró 'pa'trás'.

No quedaba allí nada más que hacer de 'voyeur' de las escenas porno que, puntualmente, sucedían, y que aunque estaban bien, hubiera preferido ser co-protagonista.

- ¿Que hora es?, le pregunté, al tío de la taquilla del Exxxtreme Cruising, cuando al ir a entrar me comentó que solo quedaba un cliente.
- Las tres - me contestó. Te recuerdo del otro día que viniste, prosiguió. La mejor hora siempre suele ser entre las doce y la una, más o menos. Y la mejor noche, el sábado.

Bueno era saberlo.
Sobretodo porque visto lo visto en el Men's y, en esta ocasión, también en Qüero, hubiera sido más acertado cambiar el orden de visitas.

Le dí las gracias y me volví ya para el hotel.




11 de enero de 2018

7º Aniversario del blog






Pim, pam. Y ya van siete !
Siete años que comenzó este blog. Con sus más y sus menos.
Hay que ver como pasa el tiempo.

Ahora está en épocas bajas. Cojea.
Menos publicaciones, menos visitas.

En el sexto aniversario comentaba que las visitas se habían estancado un poco debido principalmente, o al menos creía, por mis problemas en el facebook, con la continua eliminación de mis perfiles.
Seguramente eso era así. Y de hecho, de mis cuatrocientos y picos contactos en mi primer perfil, ahora no llega todavía a los 200 en el actual.
La capacidad de publicitarlo es claramente menor.

Sin embargo, este año no ha sido nada prolífico en publicaciones, al punto que apenas he llegado a 27 posts, menos, y de lejos, que cualquier otro año anterior,  en especial este último semeste, con sólo 10.
Y las visitas han caido un 25 % aproximadamente.

¿Motivo principal de mi poca productividad?, La crónica falta de tiempo.
Bueno, de últimas y más concretamente de ese tiempo suficiente (no sirve 10/20 minutos), en que se une con la inspiración y un lugar adecuado donde escribir.
Si la inspiración me llega en horas de trabajo, chungo. O cuando tengo un largo rato disponible, la inspiración está de vacaciones, igualmente malo.

Además, con el bajo ritmo de publicación, los borradores pendientes se acumulaban hasta llegar a colapsarme.
Por cada post que publicaba, se me generaban paralelamente tres o cuatro nuevos borradores de más historias.

Así que mediados de julio hasta principios de diciembre, decidí no escribir ninguna de mis nuevas aventuras, siempre que no fueran especialmente interesantes de contar.
Aunque cierto es que, de mediados de julio a finales de agosto, hubo poca actividad.
De septiembre a mediados de octubre, ninguna aventura.
Y desde entonces a principios de diciembre, poca cosa destacable, por lo que realmente tampoco se ha perdido nada del otro mundo.

Por desgracia, esta escasa productividad de experiencias no se ha visto reflejado en una puesta al día con mis posts atrasados.

Creo que no tengo remedio.

Pero no hay rincón para el desánimo.
Seguiré con el blog y acabaré publicándolo todo.

Y ahí os quiero ver, comentando después de cada post, jeje...
A por el octavo !



19 de diciembre de 2017

Varias pollas a mi disposición





(Continuación)

Con cabeza gacha, pensativo y rememorando la bonita escena que recién había tenido lugar en una de las jaulas del Men's bar, que tanto me recordaba a la de 20 años atrás, me dirigí hacia el bar Qüero.

No sabía bien que hora era, pero debía ser aún temprano.

Hacía tiempo que había cogido la costumbre de dejar el reloj en el hotel cuando salía por la noche, básicamente para no tener que estar pendiente de él, y concentrarme en disfrutar de cada momento, sin obsesionarme por cumplir con el recorrido de visitas previsto.

Seis tíos de golpe estaban pagando ya para irse, cuando entré en el local, y eso suponía 3/4 partes de lo que se veía, cosa que no auguraba nada bueno.

Me desvestí en taquilla quedándome sólo con los jockstrap rojos que me había comprado en la tienda boxer el día anterior, y las bambas.
Aparte del componente erótico de andar de esa guisa, tiene la ventaja obvia de estar fresquito y en caso de faena, estar prácticamente listo para la acción.

Tras pedirme una cerveza, subí a la zona de cruising, donde dí por conformidades mis peores sospechas. Allí no había nadie. Abajo, estaba todo lo que había. Tres tíos.

Bajé y opté por quedarme sentado en uno de los taburetes, observando al personal, incapaz de comenzar una conversación con nadie, y hasta que no pasó un buen rato, que se llenó el local un poco más, no volví a subir, aprovechando que tres tíos también lo hicieron.

Uno desapareció en el lavabo.
De los otros dos, un treintañero, lucía pantalones vaqueros y un hermoso pecho peludo al descubierto se situó al final de la sala, junto al video; y el tercero, cuarentañero, cerveza en mano, alto y más discreto si cabe que el otro, pues ni siquiera se había quitado la camisa, se quedó en medio del corto pasillo.

Al llegar a su lado, aunque su pose era rígida como un pasmarote, me miraba como con ganas de algo.
La típica situación en que uno, si quiere algo, tiene que dar un primer paso, porque del otro fijo no va a salir, y no porque no sienta mayor o menor deseo, sino porque está más 'aterrado' que yo en tomar esa iniciativa.
Su lenguaje corporal lo delataba.

Así que comencé a palparle directamente en paquete. Y se dejó, cosa que me dió pie a desabrocharle el pantalón, bajarle la bragueta, sacarle el cipote, para segundos más tarde iniciar una mamada.

No deja de ser curioso, y sorprendente, que soy incapaz de tomar la iniciativa de ponerme a hablar con alguien a la luz del bar, y apenas me cuesta bajarle la bragueta a un tío y ponerme a mamársela delante de cualquiera en las penumbras de la 'zona de juegos'.
Comparativamente, ya que algo si me cuesta, pero infinitamente menos.

El tío parecía que disfrutaba, o más bien diría se dejaba hacer, ya que aprovechó una breve pausa para recogérsela y marchar.
O no se lo hacía bien, que podría ser, o le daba apuro que se lo hiciera allí, que también podría.
El caso es que me dejó con la boca abierta.

Me incorporé y ví que el tío de pecho peludo estaba aún situado en el mismo sitio, bajo el video.
A este no me atrevía a entrarle. Me gustaba demasiado.
El típico machote, viril, de aspecto dominante, peludo, de edad perfecta, guapetón, cachas pero sin exagerar, al que de un susurro suyo cae uno rendido a sus pies.
Al menos en mi caso.

Si algo quería, tendría que hacerlo indirectamente.

Me acerqué y me senté en un pequeño taburete que había junto al sling, a apenas tres pasos de donde él estaba.
Podría parecer indiferencia, pero creo que quedaba clara mis intenciones.
De entre dos taburetes equidistantes a él, uno alto y uno bajo, elegí en bajo.
Mi ávida mirada iba alternando entre su cara y su paquete.
Y habiendo visto a buen seguro mi mamada al tipo alto, sólo le quedaba a él dar el siguiente paso.

Y lo dió, no sin antes titubear un rato.
Las dudas e indecisiones no son un patrimonio en exclusiva de unos pocos.
Todos las tenemos.

Así el mocetón se aproximó, palpándose el paquete y cuando vió mi no rechazo, se la sacó y me la ofreció para que se la comiera, mientras se sacaba una botellita de poppers y comenzó a inhalar.
No me ofreció, así que tampoco le pedí.

Disfruté en su sola compañía aquel momento hasta que aparecieron y se acercaron una parejita, tal vez simplemente amigos, que ya había visto entrar en el bar un rato antes, y que comenzaron a tontear con mi hombretón, cada uno a un lado.

Tontear, besuquear y toquetearse las respectivas pollas que tenían exhibiendo fuera de los pantalones.
Tres pollas a la altura de mi morro que no desperdicie, al menos, la oportunidad de probar.

La que tenía más cercana y por tanto más facilmente accesible era del tipo que se podría considerar pollón, pero no me acababa de convencer su sabor y textura.
La otra, un poco más complicado de llegar pues se interponía parcialmente mi machote, tenía una forma más bonita, de tamaño más adecuado para una rica mamada, y me resultaba más gustosa.

Pero fué la primera en abandonar el cuarteto.

Unos minutos después le siguió su amigo, y al instante mi tío peludete.
No me iba quedar allí sólo, de nuevo con la boca abierta, y les seguí.

Lo de sólo es un decir, pues simplemente se habían desplazado unos cuantos pasos, hasta el otro lado de la mampara que hacía de separadero.

Allí ya se estaban acabando de follar al primero de la parejita que nos abandonó. Su pareja recién llegada no tardó en correrse al ver la escena, y mi pecho lobo, al ver libre el culo del primero hizo un intento de follarle, que se quedó ahí, ya que el chaval iba a lo suyo, adecentándose y largando, al que le siguió su amigo.

A mi hombretón, ya borracho de popper, no se le endurecía lo suficiente para follar.
Ambos nos habíamos situado junto a dos tipos que también estaban follando.
No deja de ser curioso, que un ambiente temeroso y ensosado pasé al folleteo múltiple en cuestión de minutos.
Duraron apenas un par de minutos.
El follador se fue y el otro se quedó mirando lo poco que sucede; un recién llegado que intenta liarse con mi osito peluchin, al que ya sólo toqueteo su pecho con mis dedos, y con la otra mano, su ya flácida polla.

Otro se sitúa detrás de él... pero nada cuaja.
Todos nos vamos.

Tras vestirme y pagar, me dirigí al The Factory, que para gran sorpresa mía encontré cerrado.
No podía ser !. Ese día tenía que estar abierto!.

Dudé de ir al Querell, que tocaba la fiesta nudista, siempre de por sí interesante aunque uno no se coma un rosco.
La mente me lo pedía, pero el cuerpo no.
Me decía: quédate con el buen recuerdo de la primera parte de la noche, el amor en vertical del Men's.
Recuerda que con eso ya te dijiste que tenías bastante.

Y me hice caso.

Al llegar al hotel y mirar el reloj, me dí cuenta que realmente era tarde y el The Factory había cerrado a su hora.

A descansar, que mañana sería otro día.


9 de diciembre de 2017

"Déjà vu" - Amor en vertical




Me estaba resultando un fastidio que el free eagle estuviera cerrado esos días.
Era mi muletilla para empezar las noches.

Llegaba entre las 10 y 11 de la noche, me estaba un ratillo arriba tomándome una cerveza, bajaba un rato, o a ratos al piso inferior donde se ubicaba la pequeña zona de cruising, con su video, camilla e incluso sling a ver que se cocía, y participar o no, pero en cualquier caso, para comenzar a ponerme un poco a tono.
Me lo tomaba como un aperitivo antes del banquete, si bien el ambiente a esa hora, a menudo era escaso, a la segunda cerveza, si llegaba y me quedaba, mejoraba sustancialmente.

Pero que me quedaba, ir a otros sitios a esas horas no resulta muy prometedor, digo yo, aunque también como siempre comento, ir a una hora determinada a cualquier sitio y encontrar lo que buscas, siempre, siempre es cuestión de suerte.

Lo que hacía es quedarme un ratillo más en la habitación del hotel, y tirando más hacía las 12, me dejaba caer por el Men's Bar.

Aquel día en concreto me parecía que había menos ambiente que el dia anterior, en el que aún así saqué un buen recuerdo, y el que había era menos participativo.

De hecho, la única acción la protagonizaba Giovanni El Genovés, el mamador compulsivo que me encontré y disfrute un rato a última hora en la fiesta nudista del Exxxtreme del día anterior.

Poco pasteles había, y todos se los estaba zampando él.

Pero la alegría del momento, porque hubo un momento interesante, no procedió del italiano.

Apenas me había apoyado junto a una de las jaulas de la zona de cruising, tomándome una cerveza, aparecíó como si me hubiera visto previamente y seguido, vino directamente hacía mí un tío que me pareció joven, más o menos de mi altura, con barbita con gafas. En la penumbra siempre es difícil precisar más.

Sin titubeo alguno, comenzó a palparme el pecho por encima de la camisa y a meterme mano en el paquete.
Iba muy decidido y no tardó ni un minuto en invitarme a entrar en la jaula contigua .
Se quitó las gafas, guardándoselas en el bolsillo de la camisa, entramos y cerró la puerta.

Ya ambos ha pecho descubierto y pantalones a la altura de los tobillos, comenzaban a magrearnos sin pudor alguno y mientras a la par nos besábamos sin descanso.
Besos que se transformaron en morreos cuando la temperatura subió al punto de pasión.

Pasión que no se limitaba a comernos la boca, sino también la polla, en un continuo alterne entre los dos de subir y bajar a probar los otros manjares disponibles.

Su polla era delgada, tirando a larga, suave y dulce.Una delicia.
Su pecho liso de piel fina, pezones discretos y su culo pequeño y redondeado, aunque excesivamente blando para mi gusto. No todo podía ser perfecto.

Estuvimos mucho tiempo allí encerrados, disfrutando de nuestros cuerpos, sin complejos y sudando literalmente como cerdos.

No podía evitar el recuerdo y la comparación con aquella escena de 20 años atrás, en el mismo local y en otra de las celdas, con un tipo un poco más joven que yo, misma altura y gafas, y exactamente mismo proceder. Seguirme, pillarme, meterme al momento en la celda, desnudarnos y disfrutar sensual y sexualmente de nuestros cuerpos, sin pensar en el tiempo ni que existiera un más allá fuera de los barrotes.

Todo fue muy parecido a entonces, salvo que en aquel entonces acabó follándome.
También faltó alguna mano que se asomase con intención de palpar.
Al salir, apenas había un par de anónimas y solitarias sombras vagabundas.

Me quedé tomando una cerveza en la barra del Men's Bar, para reponer líquidos después de la intensa sudada y recuperar fuerzas para seguir la noche, aunque de quedarse así, ya me daba por satisfecho.

Al cabo de un rato, un tío al otro lado de la barra, se ponía unas gafas de culo de botella.
Sin duda era él, que se había quedado abajo, en el lavabo.
¿Pero era el mismo que hace 20 años?

Que más daba, si en ambas ocasiones lo había pasado de fábula.

(Continuará)



13 de noviembre de 2017

Ausencia, terapia contemplativa y decisiones.





¿Os parecería normal que, mediante críticas no constructivas, máximas simplistas, verdades sesgadas o claramente mentiras, burlas y chanzas continuas o directamente insultos, os juzgaran por algo tan genérico como ser blogger?. Absurdo, no?

Más cuando ser blogger no significa nada más que tener un blog y rellenarlo con textos y/o fotos.
Si hay blogs de una infinidad de temáticas diferentes, más variedad hay de personalidades.
Todos construidos con más o menos dedicación, cada uno dentro de su propia temática aborda el suyo desde su propia perspectiva, que ni siquiera sirve para generalizar una opinión sobre la temática en cuestión.

Por ejemplo, un blog concrétamente de temática gay, puede ser como un portal con múltiples enfoques, asociativo, de noticias, de fotografía erótica, pornográfica, de relatos de fantasía, relatos verídicos propios o ajenos, o una mezcla parcial o global de todos.

Y del blogger en cuestión, a no ser que cuente en su espacio toda su vida, no se sabe más que lo que cuenta y trata, o pueda llegar a insinuar.
Como cualquier persona, un blogger tiene multiplicidad de facetas y gustos que son, todos en su conjunto, los que lo definen como tal.
Los gustos, aficiones, amistades, forman parte del detalle de la personalidad, pero la esencia de la misma nace de aquello que no necesariamente elige, sino de lo que intrínsicamente es.
Uno puede de dejar de escribir blog, comer su comida favorita, leer su escritor favorito o estudiar un idioma que le enamora, y seguir siendo, en definitiva, el mismo.

Pero uno no puede dejar de ser del color de piel con que nació, de su identidad de género u orientación sexual, de su fé  y creencias religiosas o místicas ( o no ), orientación política ( que no voto político ), identidad/es nacional/es (si es que así lo siente), de su carácter forjado con los años, si no es con una convulsión en su personalidad que lo harían ser "casi" otra persona.

Pues bien, eso es lo que me ha pasado, si bien no por ser blogger, claro que siempre habrá por ahí algún descerebrado, y no siempre directamente; pero que sentía como propio, al tener sentimiento de pertenencia del colectivo afectado objeto de enjuiciamiento que, por el simple hecho de existir, parece que unos ya se creen con derecho y licencia sin limite para el agravio y escarnio.

Básicamente, desde hace un par de meses, por parte de unos cuantos en el facebook.

Si es algo puntual y de una persona es fácil de gestionar.
Se obvia, ignora o se toma uno la molestia de defenderse con argumentos.
Como decía antes, todo el mundo tiene muchas facetas y no se puede sentenciar a nadie por una sola y en un momento determinado.

Pero si es algo continuo, prácticamente monotemático y por varias personas, el asunto acaba afectando muy seria y negativamente, en tanto que te afecta el humor y estado de ánimo.
Un efecto grave de esa toxicidad es que existe el peligro de caer y entrar en su misma dinámica.
No tengo ninguna necesidad de recibir negatividad de manera indiscriminada, ni en el mundo del cada día, ni cuando me sumerjo en las redes.
Y había que tomar decisiones.


Lo único que publiqué en estos días de ausencia,
 Me hizo gracia al ser exacto a como soy.
 Afortunadamente ( o no ) soy muy tolerante y paciente.
Suelo ser muy calmado, educado, juicioso y no suelo tomar decisiones precipitadas ni radicales, pero mi primera intención era eliminar del facebook directamente a estos elementos y a los que los jaleaban.

Necesitaba devolver espacio a la mente neutra, mirar las cosas con perspectiva y desapasionamiento.




Y decidí ausentarme del facebook durante unos 10 días, al menos de manera activa, o sea sin publicar nada ni comentar nada.
Entrar puntualmente, y leer solo cosa muy escogidas.
Obviando a los personajes y los comentarios tóxicos.

Y lo sumamente curioso es, que después de unos días, y teniendo curiosidad de ver como seguían los sujetos en su ponzoñosa verborrea, comenzaron a hacerme gracia, e incluso me llegué a reír, tanto de ellos como de sus comentarios, por su propia catetez
Esa ignorancia cultivada de manera diligente y voluntaria, que podrían superar sin problema con un poco de mirar ancho y mente abierta. Sin darse cuenta que también, en muchos casos, hacen lo mismo que lo que critican, pareciéndose o siendo peores incluso que a los que critican.
Pero no hay mayor ciego que el que no quiere ver.

Fue cuando me acordé del dicho que todo el mundo tiene derecho a ser imbécil, en mayor o menor medida, y sentirse orgulloso de ello, e incluso pregonarlo a los cuatro vientos. Faltaría más.
Pero por favor, procurando no salpicar a nadie.

En fin, que he vuelto al feisbuc, no he echado a nadie y he decidido que yo también voy a ser un poquito "imbécil" y tal vez incluso, me muestre orgulloso de serlo.
Publicaré lo que me salga de los cojones, que al fin y al cabo es mi propio espacio, procurando como siempre intentar ser respetuoso con quien crea yo que se lo merezca, o sea, básicamente con los que lo sean conmigo.
Y a quién no le guste, ajo y agua, o sea, a joderse y aguantarse, o me echáis u os hacéis una terapia contemplativa como he hecho yo y volvéis con otros humos.

Guapos míos, que os he echado de menos !.